Mes: julio 2015

Ciudadano Kane (1941)

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País: Estados Unidos

Año: 1941

Duración: 120 minutos

Director: Orson Welles

Elenco: Orson Welles, Joseph Cotten, Everett Sloane

Género: Drama

Como primer aniversario del blog y coincidiendo con su visionado después de hace bastante tiempo le rindo homenaje a esta legendaria obra. La mítica obra de Welles la reponían en el Cine Doré. Cuando me percaté de la noticia no dudé en organizarme ese día para que ninguna adversa circunstancia me impidiera apreciar esta solemne obra. Llevaba desde el año 2012 sin verla, sin embargo analizada durante el 2013 y 2014 perenne en mi memoria aunque ciertas escenas las olvidara por el indefectible paso del tiempo.
Fue una sensación maravillosa volver a verla, apreciar este monumento del cine mundial.

Sin duda la película es una imperial e intensa obra de arte creada por uno de los genios más clarividentes que ha dado este mundo, que con tan sólo 26 años filmó esta piedra angular en el cine mundial.

En términos generales considero que la obra podría tratarse como una perfecta muñeca rusa, por más que quites capas siempre encontrarás algo que la hace única y por tanto excelente, porque cuando la cadencia y la composición de la obra ahonda tanto y traza caminos inusitados añadiendo nuevos horizontes en la creación artística con tanto vigor expresivo e intensidad la obra está condenada irremediablemente a ejercer de paradigma.

Ciudadano Kane destaca, primeramente, por la transgresión que provoca en los códigos cinematográficos, tanto en campo narrativo como visual, lo cual se trata de una obra rompedora con las limitaciones artísticas describiendo nuevas perspectivas. El magnífico Orson Welles inventa o constituye la profundidad de campo en el cual el plano corto, medio y general se encuadran a la vez, lo cual hace que el ojo humano pueda fijarse en cualquier punto de la imagen sin que esté predeterminado. Respecto a la narración considero que lo relevante no es el flash back, sino la sucesión de los mismos con elipsis incluidas capaces de dar saltos en el tiempo, ergo constituye una compleja arquitectura narrativa que la hace única. Y por último, siendo éste más subjetivo, la introducción del McGuffin o como me gusta denominarlo pseudo leitmotiv ya que se nos expone una temática, o un elemento del guion que consideramos relevante pero que después no lo es, sino una excusa para mostrarnos el avance de la obra, como podría suceder con “La aventura” (1960) de Michelangelo Antonioni (no desvelo para no estropear la obra)

Esta obra sin lugar a equívoco me resulta fascinante, en primer lugar he citado los apartados técnicos y ahora la disertación de la obra.
Si le quitamos a la nombrada muñeca este afán de transgresión nos hallaremos ante una obra desgarrada, intensa, profunda y emotiva. Welles, mediante su excelente dirección, nos muestra el auge y la decadencia de un magnate del periodismo de forma magistral, interpretado por él mismo, con una intensa profunda carga y fuerza dramática con un guión complejo y perfecto sustentado bajo una narrativa sublime y cadente. La obra se compone de escenas cargadas con intenso intimismo y profunda introspección, sobre todo en la segunda mitad de la obra. Se podría considerar también, dentro de sus múltiples vertientes, como una reflexión sobre el auge y la decadencia, el paso del tiempo y las ilusiones anheladas y extraviadas que se difuminan única y exclusivamente en el ocaso, que es la muerte, y el canto de un hombre solo abocado irremediablemente al más hondo ostracismo personal pese a la fama adquirida, acumulando bienes materiales para intentar saciar y sofocar ese profundo vacío a causa de una existencia paulatinamente alienada.

La maravillosa fotografía en blanco y negro apoyada bajo la transgresión de la mencionada profundidad de campo más los marcados y contundentes claroscuros que trasmiten un vigor expresivo sensacional marcan un estilo exclusivo y cuidado, esmerado y concienzudo.

La dirección de Welles es otro hito memorable en esta mastodóntica obra, en la que abundan excelsos travellings, planos secuencias, movimientos grúas, contrapicados, encuadres a través de espejos y cristales rotos etc. encuadrados en el momento y situación justa con finalidad exclusivamente artística, y con una intención de dotar a la obra mediante la riqueza que albergan las posibilidades cinematográficas, matizar y recargar de una mayor profundidad a la película. Encuadres de gran fuerza y belleza visual inherentes a un poderoso castillo dramático y agudeza narrativa.

No sería la obra tal como la concebimos si no fuera también por el fascinante y agilizado montaje, una de los elementos capaces de modificar el mensaje o trasfondo de la obra, elemento que Welles también concebía plenamente. En la obra se nos presentan transiciones, mezcla de archivos documentales (ficticios), superposición de planos, la combinación de los mismos con fines simbólicos; todo unido y entrelazado de manera armoniosa, comprendido en un montaje poético y a la vez narrativo, compuesto por difeerentes enfoques y adaptados a cada situación en la propia obra.

La puesta en escena es indudablemente deliciosa, con interpretaciones memorables del protagonista Orson Welles y Joseph Cotten entre los más conocidos. Personajes complejos cargados de matices, sobre todo el protagonista, en el que Welles introduce un ser de una ambigüedad moral y psicológica inevitable con luces y sombras.
Orson Welles otorga mayor opulencia a la obra mediante la alternancia de discursos objetivos y subjetivos correspondientes a los flashes back, proporcionando esa citada ambigüedad en el personaje, subjetivo respecto a las diversas valoraciones de las personas vinculadas a él; y objetivo pero incompleto, al documental inicial sobre su vida. Ergo Welles hace que el espectador constituya su propia reflexión sobre este personaje, sin influencia ideológica alguna.

En la obra se puede observar una crítica (como telón de fondo) a la doble moral e hipocresía en la sociedad americana como en la escena que descubren a Kane y una joven por una estrategia trazada de su esposa y otra persona (no revelo) con fines políticos (justo después de realizar el mítin como candidato a gobernador). También analiza la relevancia de la prensa, denominada el cuarto poder y a la manipulación de la verdad con fines políticos y económicos.

La influencia de la obra en la propia sociedad fue, entre otras muchas, por la crítica al magnate de la prensa que dominaba en ese momento: William Randolph Hearst.
El contexto de la obra es sensacional y adecuado en cada momento, alumbrado bajo una etérea y expresiva atmósfera cuyo exponente más apreciable es la escena del castillo en la que se aprecia a Charles Foster Kane en segundo plano y a su esposa en primer plano albergados bajo un fastuoso y vacío palacio en el que el tedio, la monotonía y la impotencia se apodera del contexto.

Los diálogos son otro gran punto de esta inmensa película así como los gestos y expresiones. Diálogos expresivos, dramáticos alternados con cómicos para relajar la tensión, de ahí que la gran capacidad de Welles para cambiar de registro dramático a cómico o la alternancia de los dos sea fascinante. Los gestos condenan a la obra a inmortalizarse, me quedo con uno, con el plano en el que se aprecia a Welles en plano general tomado desde la puerta en el cuarto de su esposa tras marcharse ella, en soledad, impotente, derrumbado.

Como curiosidad añado que cuando el proverbial Akira Kurosawa realizó la obra de arte “Rashomon” (1950), hubo una gran especulación sobre si había copiado la estructura narrativa de “Ciudadano Kane”, pero sin embargo él lo negó y en ese momento afirmó que todavía no la había visto. Si Welles no la hubiera introducido seguramente que Kurosawa lo hubiera hecho.

Fascinante historia, proverbial final y contundente profundidad dramática, visual y estilística para un clásico monumental.
Una de las obras más grandes jamás filmadas. Welles decía: “Todos niegan que soy un genio, pero yo jamás he dicho que lo sea” Tranquilo Orson siempre lo serás, las luces que más brillan son las que por mucho que les boicoteen siempre estarán en el firmamento.

 

10

 

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Vinieron del espacio (1953)

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País: Estados Unidos

Año: 1953

Duración:  80 minutos

Director: Jack Arnold

Elenco: Richard Carlson, Barbara Rush

Género: Ciencia Ficción, Terror

El género de Ciencia Ficción, sobre todo de esta época, he considerado que se ha minusvalorado desmesuradamente; debido en parte al desconocimiento de las obras, al reemplazo de los efectos especiales de los cuales se nutren las películas actuales para tapar muchas carencias, y a la parodia de las mismas por obras (tan infames como entretenidas) como “Mars Attack” (1996) ;las obras que corresponden a dicho periodo .Pero sin duda, y por lo menos desde mi punto de vista, existen obras muy destacables y sobresalientes que merecen ser visionadas, no solo ya como obra cinematográfica (extrayendo toda su esencia y su composición, analizada al completo con su trasfondo y su visión, sino para extraer el pensamiento y la evolución del mismo a través del tiempo en relación con el marco histórico, es decir, como documento) Los filmes de esta década han influido muchísmo para la posterior evolución del género, y han servido de base para muchas propuestas que parecían ser innovadoras. El miedo a lo desconocido, la existencia, el peligro nuclear, la violencia o la paranoia anticomunista han sido las principales reflexiones de estas obras, en la que destacan un puñado de ellas, entre las que destaco “La invasión de los ladrones de cuerpos” (1956), “El increíble hombre menguante” (1957), “1984” (1955), “La mosca” (1958), “El experimento del Dr Quatermass” (1956), “Ultimátum a la Tierra” (1951). En numerosas producciones destacaba la realización de las mismas con escaso presupuesto, de ahí la conocida “Serie B”, y por ende un mérito conseguir notables e incluso obras maestras con escasos medios.

El film que nos ocupa hoy se trata de una obra singular e inquietante, en comparación con otras está sujeta en el más absoluto ostracismo pero sin duda es una joya que merece ser apreciada y descubierta. Película de inquietante atmósfera y gran sentido del ritmo acompañado por profundos efluvios de tensión que acompasan la obra.

El cineasta traza una sagaz reflexión sobre la violencia y el miedo a lo desconocido empleando la ciencia ficción como reflexión sociopolítica ahondando en la reacción que provoca sobre los habitantes la inclusión de tal abominable y desconocido ser.

Una película memorable, fascinante, que sugiere en vez de enseñar. Película que recoge una de las temáticas infuyentes y abundantes de la Ciencia Ficción de los 50, de gran ambientación y notable puesta en escena. La obra se sustenta de unas correctas interpretaciones y una sagaz y audaz dirección a la vez que un particular uso de la cámara y la fotografía. El filme mantiene al espectador con una tensión bien sustentada por lo atractivo de su propuesta, recubierto de una atmósfera inquietante, ambigua, de algún rescoldo etéreo que la hace única, debido al sobresaliente vehículo que emplea para llevar acabo la idea artística traducida en un filme singular y no nada sencillo, poseedor de escenarios muy bien escogidos.

Todo reside en un guión limpio y sin fisuras. Obra de exquisito estilo visual y contundente fotografía en B y W acompañada de un extravagante uso de la cámara como es el empleo del plano subjetivo con filtro para representar la mirada del extraterrestre. La obra audiovisual se sostiene mediante un esquematizado y adecuado desarrollo narrativo apoyado por la acertada dirección de un cineasta en sus comienzos (éste fue su tercer filme). La idea de la obra sería recogida a posteriori, por las similitudes formales y conceptuales, con la obra “La invasión de los ladrones de cuerpos” de Don Siegel, obra revolucionaria en la Ciencia Ficción y paradigma del género.

Sin duda un filme muy destacable dentro de la ingente cantidad de obras reseñables dentro de este género.

 

8

4 estrellas