Macbeth (1948)

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País: Estados Unidos

Año: 1948

Duración: 105 minutos

Director: Orson Welles

Elenco: Orson Welles, Jeanette Nolan

Género: Drama

La magistral obra de William Shakespeare ha sido adaptada numerosas veces al séptimo arte, las versiones que destacan, a mi gusto son la de Akira Kurosawa “Trono de sangre” (1957), adaptación libre en la cual se aprecia un contexto diferente pues se ambienta en el Japón Feudal del siglo XVI, para mí sin duda una obra cumbre figurando entre mis diez obras favoitas

Orson Welles pese al escaso presupuesto que poseía para realizar la obra, consigue, gracias a su ingente talento, hacer una obra maestra intensa y desasosegante. Welles adapta íntegramente esta inmortal obra dotando al film con una poderosa carga dramática y un profundo intimismo tal cual la concibió Shakespeare. Obra filmada con escaso presupuesto, alejada de todo yugo hollywoodiense, durante un tiempo efímero, apenas tres semanas. Cabe destacar que se trata de la obra que más se ajusta a esta indeleble y magistral obra de William Shakespeare escrita en 1606. Obra excelsa, de subyugante atmósfera, que se adentra en lo más oscuro del ser humano representado por un general del ejército escocés corrompido por la ambición desmedida suscitado por las profecías perversas y certeras de las brujas o hermanas fatídicas. La ambición, el poder, la traición, la maldad, la venganza, los remordimientos, las consciencia se supeditan a merced de esta inmensa obra como la profunda temática que aborda una película portadora de una fuerza visual y una intensidad dramática abrumadora.

Film ambigüo, desde su planteamiento hasta su ejecución, que cautiva inmensamente debido sin duda a su fuerza narrativa y su intenso y eficaz vigor dramático. Obra artística muy compleja, de lenguaje, tanto cinematográfico como literario, denso y metafórico, en el que Welles hace un uso excepcional del montaje cinematográfico y de la propia composición de los encuadres para adentrarnos en una obra sugerente, ambigüa y genial, cargada de una atmósfera subyugante que recubre una cuidada y esmerada ambientación.

El cine y la literatura son artes que se complementan, y este es el caso en el que se fusionan con muchísima cadencia, Welles extrae del fascinante universo Shakesperiano unos personajes profundos y torturados, llenos de matices y obsesiones, cuyo exponente más visible es el protagonista. Aparte de una puesta en escena excepcional y de una dirección de los actores más que acertada, Welles nos traslada ,mediante encuadres herméticos y sugerentes, saciados de profundos claroscuros y brillos irreales, hacia lo más recóndito del personaje y su propia introspección, mediante la cual consigue desvelar sus temores e incluso una profunda y rotunda crítica hacia la existencia humana. Macbeth corrompido por la ambición, debido a la profecía de las hermanas fatídicas y a la posterior persuasión que se hace cargo su esposa Lady Macbeth (véase las numerosas lecturas que se hacen por dicha profecía)  es capaz de renunciar a sus principios y de cometer un espantoso asesinato de su Rey. A partir de esta base, simplificada sin duda, nos adentramos en un mundo de horror y crueldad, capaz de mostrarnos los sentimientos y acciones que se dan simultánemente, envueltos bajo un oscuro pesimismo. Ese contexto se nos presenta como una metáfora del estado psicológico de Macbeth, grutas abruptas, inmensas y tenues, como si de un alma oscura y decadente se tratase, luces irreales bajo una noche oscura, como si la destrucción y la muerte se apoderaran de todos los individuos.

Como siempre, este monumental ser llamado Orson Welles, a pesar de esas barreras es capaz de realizar otra pieza de culto absolutamente grandiosa. Gracias a ese, antes nombrado, uso del agilizado y audaz del montaje a la vez que bizarro y expresionista, y la formalidad del propio encuadre en el que abundan planos secuencias y ángulos extremos,  Welles supera esas barreras que para un cineasta de su calibre no son más que minucias.

Cabe destacar la cuidada y expresiva fotografía en un acertado blanco y negro, y la forma de sugerir en vez de mostrar (no desvelo nada) por parte de una obra barnizada con una plasticidad tanto visual como narrativa ensordecedora.

Destaco también, dentro de las interpretaciones, a la expresiva e intensa actuación del protagonista Macbeth encarnado por Orson Welles, personaje difícil atestado de cualidades intrínsecas y extrínsecas, de una profundidad psicológica apabullante, un Macbteh atormentado, desquiciado y cruel; de la esposa Lady Macbeth, interpretada por la actriz de teatro Jeanette Nolan con muchísimo esmero y precisión, como mujer pérfida y manipuladora, personaje difícil de interpretar sobre todo en el momento que su mente se desquicia. Destaco asimismo, a las tres hermanas fatídicas, Malcolm, Donalbain y Macduff con un muy destacado ejercicio interpretativo a la vez que el resto del elenco, gracias sin duda a la expresiva, elocuente y vigorosa dirección.

La estilización tanto formal como conceptual de los propios encuadres hace más plausible el modo de adentrarse en los recovecos interiores y en las propias reflexiones del propio Macbeth. En el film se adecua el uso de ritmo acorde a lo mostrado cuyo resultado final es cadente y satisfactorio, clara muestra del excelso rigor intelectual y artístico del propio cineasta. Filmado prácticamente en escenarios no naturales y con decorados artificales, en el que el espacio visual se acota y sin embargo Welles hace uso de él como disertación para mostrarnos que no es necesario mostrar tantos escenarios si se conserva la fuerza narrativa, dramática y el vigor expresivo.

Escasa vez se nos mostrará tal trascendental estudio de la conciencia, los remordimientos y la maldad humana. Recomiendo aun así que lean previamente la obra teatral de Shakespeare para que se comprenda mejor la obra, puesto que el uso del lenguaje que hace Shakespeare, tan sutil, intrincado y figurado puede dificultar su compresión si tenemos en cuenta que bastantes diálogos del filme de Orson Welles son propios de la obra teatral, los cuales se enuncian con una poderosa locuacidad y uno no sea capaz de digerirlo la primera vez, hecho que si sucediera deberían ir a por el siguiente diálogo.

Obra maestra imprescindible.

 

10

 

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