Cine por país

Ciudadano Kane (1941)

ciudadano-kane

País: Estados Unidos

Año: 1941

Duración: 120 minutos

Director: Orson Welles

Elenco: Orson Welles, Joseph Cotten, Everett Sloane

Género: Drama

Como primer aniversario del blog y coincidiendo con su visionado después de hace bastante tiempo le rindo homenaje a esta legendaria obra. La mítica obra de Welles la reponían en el Cine Doré. Cuando me percaté de la noticia no dudé en organizarme ese día para que ninguna adversa circunstancia me impidiera apreciar esta solemne obra. Llevaba desde el año 2012 sin verla, sin embargo analizada durante el 2013 y 2014 perenne en mi memoria aunque ciertas escenas las olvidara por el indefectible paso del tiempo.
Fue una sensación maravillosa volver a verla, apreciar este monumento del cine mundial.

Sin duda la película es una imperial e intensa obra de arte creada por uno de los genios más clarividentes que ha dado este mundo, que con tan sólo 26 años filmó esta piedra angular en el cine mundial.

En términos generales considero que la obra podría tratarse como una perfecta muñeca rusa, por más que quites capas siempre encontrarás algo que la hace única y por tanto excelente, porque cuando la cadencia y la composición de la obra ahonda tanto y traza caminos inusitados añadiendo nuevos horizontes en la creación artística con tanto vigor expresivo e intensidad la obra está condenada irremediablemente a ejercer de paradigma.

Ciudadano Kane destaca, primeramente, por la transgresión que provoca en los códigos cinematográficos, tanto en campo narrativo como visual, lo cual se trata de una obra rompedora con las limitaciones artísticas describiendo nuevas perspectivas. El magnífico Orson Welles inventa o constituye la profundidad de campo en el cual el plano corto, medio y general se encuadran a la vez, lo cual hace que el ojo humano pueda fijarse en cualquier punto de la imagen sin que esté predeterminado. Respecto a la narración considero que lo relevante no es el flash back, sino la sucesión de los mismos con elipsis incluidas capaces de dar saltos en el tiempo, ergo constituye una compleja arquitectura narrativa que la hace única. Y por último, siendo éste más subjetivo, la introducción del McGuffin o como me gusta denominarlo pseudo leitmotiv ya que se nos expone una temática, o un elemento del guion que consideramos relevante pero que después no lo es, sino una excusa para mostrarnos el avance de la obra, como podría suceder con “La aventura” (1960) de Michelangelo Antonioni (no desvelo para no estropear la obra)

Esta obra sin lugar a equívoco me resulta fascinante, en primer lugar he citado los apartados técnicos y ahora la disertación de la obra.
Si le quitamos a la nombrada muñeca este afán de transgresión nos hallaremos ante una obra desgarrada, intensa, profunda y emotiva. Welles, mediante su excelente dirección, nos muestra el auge y la decadencia de un magnate del periodismo de forma magistral, interpretado por él mismo, con una intensa profunda carga y fuerza dramática con un guión complejo y perfecto sustentado bajo una narrativa sublime y cadente. La obra se compone de escenas cargadas con intenso intimismo y profunda introspección, sobre todo en la segunda mitad de la obra. Se podría considerar también, dentro de sus múltiples vertientes, como una reflexión sobre el auge y la decadencia, el paso del tiempo y las ilusiones anheladas y extraviadas que se difuminan única y exclusivamente en el ocaso, que es la muerte, y el canto de un hombre solo abocado irremediablemente al más hondo ostracismo personal pese a la fama adquirida, acumulando bienes materiales para intentar saciar y sofocar ese profundo vacío a causa de una existencia paulatinamente alienada.

La maravillosa fotografía en blanco y negro apoyada bajo la transgresión de la mencionada profundidad de campo más los marcados y contundentes claroscuros que trasmiten un vigor expresivo sensacional marcan un estilo exclusivo y cuidado, esmerado y concienzudo.

La dirección de Welles es otro hito memorable en esta mastodóntica obra, en la que abundan excelsos travellings, planos secuencias, movimientos grúas, contrapicados, encuadres a través de espejos y cristales rotos etc. encuadrados en el momento y situación justa con finalidad exclusivamente artística, y con una intención de dotar a la obra mediante la riqueza que albergan las posibilidades cinematográficas, matizar y recargar de una mayor profundidad a la película. Encuadres de gran fuerza y belleza visual inherentes a un poderoso castillo dramático y agudeza narrativa.

No sería la obra tal como la concebimos si no fuera también por el fascinante y agilizado montaje, una de los elementos capaces de modificar el mensaje o trasfondo de la obra, elemento que Welles también concebía plenamente. En la obra se nos presentan transiciones, mezcla de archivos documentales (ficticios), superposición de planos, la combinación de los mismos con fines simbólicos; todo unido y entrelazado de manera armoniosa, comprendido en un montaje poético y a la vez narrativo, compuesto por difeerentes enfoques y adaptados a cada situación en la propia obra.

La puesta en escena es indudablemente deliciosa, con interpretaciones memorables del protagonista Orson Welles y Joseph Cotten entre los más conocidos. Personajes complejos cargados de matices, sobre todo el protagonista, en el que Welles introduce un ser de una ambigüedad moral y psicológica inevitable con luces y sombras.
Orson Welles otorga mayor opulencia a la obra mediante la alternancia de discursos objetivos y subjetivos correspondientes a los flashes back, proporcionando esa citada ambigüedad en el personaje, subjetivo respecto a las diversas valoraciones de las personas vinculadas a él; y objetivo pero incompleto, al documental inicial sobre su vida. Ergo Welles hace que el espectador constituya su propia reflexión sobre este personaje, sin influencia ideológica alguna.

En la obra se puede observar una crítica (como telón de fondo) a la doble moral e hipocresía en la sociedad americana como en la escena que descubren a Kane y una joven por una estrategia trazada de su esposa y otra persona (no revelo) con fines políticos (justo después de realizar el mítin como candidato a gobernador). También analiza la relevancia de la prensa, denominada el cuarto poder y a la manipulación de la verdad con fines políticos y económicos.

La influencia de la obra en la propia sociedad fue, entre otras muchas, por la crítica al magnate de la prensa que dominaba en ese momento: William Randolph Hearst.
El contexto de la obra es sensacional y adecuado en cada momento, alumbrado bajo una etérea y expresiva atmósfera cuyo exponente más apreciable es la escena del castillo en la que se aprecia a Charles Foster Kane en segundo plano y a su esposa en primer plano albergados bajo un fastuoso y vacío palacio en el que el tedio, la monotonía y la impotencia se apodera del contexto.

Los diálogos son otro gran punto de esta inmensa película así como los gestos y expresiones. Diálogos expresivos, dramáticos alternados con cómicos para relajar la tensión, de ahí que la gran capacidad de Welles para cambiar de registro dramático a cómico o la alternancia de los dos sea fascinante. Los gestos condenan a la obra a inmortalizarse, me quedo con uno, con el plano en el que se aprecia a Welles en plano general tomado desde la puerta en el cuarto de su esposa tras marcharse ella, en soledad, impotente, derrumbado.

Como curiosidad añado que cuando el proverbial Akira Kurosawa realizó la obra de arte “Rashomon” (1950), hubo una gran especulación sobre si había copiado la estructura narrativa de “Ciudadano Kane”, pero sin embargo él lo negó y en ese momento afirmó que todavía no la había visto. Si Welles no la hubiera introducido seguramente que Kurosawa lo hubiera hecho.

Fascinante historia, proverbial final y contundente profundidad dramática, visual y estilística para un clásico monumental.
Una de las obras más grandes jamás filmadas. Welles decía: “Todos niegan que soy un genio, pero yo jamás he dicho que lo sea” Tranquilo Orson siempre lo serás, las luces que más brillan son las que por mucho que les boicoteen siempre estarán en el firmamento.

 

10

 

500px_5_estrellas

Vinieron del espacio (1953)

Vinieron_del_Espacio_Lleg_del_m_s_all-963139720-large

País: Estados Unidos

Año: 1953

Duración:  80 minutos

Director: Jack Arnold

Elenco: Richard Carlson, Barbara Rush

Género: Ciencia Ficción, Terror

El género de Ciencia Ficción, sobre todo de esta época, he considerado que se ha minusvalorado desmesuradamente; debido en parte al desconocimiento de las obras, al reemplazo de los efectos especiales de los cuales se nutren las películas actuales para tapar muchas carencias, y a la parodia de las mismas por obras (tan infames como entretenidas) como “Mars Attack” (1996) ;las obras que corresponden a dicho periodo .Pero sin duda, y por lo menos desde mi punto de vista, existen obras muy destacables y sobresalientes que merecen ser visionadas, no solo ya como obra cinematográfica (extrayendo toda su esencia y su composición, analizada al completo con su trasfondo y su visión, sino para extraer el pensamiento y la evolución del mismo a través del tiempo en relación con el marco histórico, es decir, como documento) Los filmes de esta década han influido muchísmo para la posterior evolución del género, y han servido de base para muchas propuestas que parecían ser innovadoras. El miedo a lo desconocido, la existencia, el peligro nuclear, la violencia o la paranoia anticomunista han sido las principales reflexiones de estas obras, en la que destacan un puñado de ellas, entre las que destaco “La invasión de los ladrones de cuerpos” (1956), “El increíble hombre menguante” (1957), “1984” (1955), “La mosca” (1958), “El experimento del Dr Quatermass” (1956), “Ultimátum a la Tierra” (1951). En numerosas producciones destacaba la realización de las mismas con escaso presupuesto, de ahí la conocida “Serie B”, y por ende un mérito conseguir notables e incluso obras maestras con escasos medios.

El film que nos ocupa hoy se trata de una obra singular e inquietante, en comparación con otras está sujeta en el más absoluto ostracismo pero sin duda es una joya que merece ser apreciada y descubierta. Película de inquietante atmósfera y gran sentido del ritmo acompañado por profundos efluvios de tensión que acompasan la obra.

El cineasta traza una sagaz reflexión sobre la violencia y el miedo a lo desconocido empleando la ciencia ficción como reflexión sociopolítica ahondando en la reacción que provoca sobre los habitantes la inclusión de tal abominable y desconocido ser.

Una película memorable, fascinante, que sugiere en vez de enseñar. Película que recoge una de las temáticas infuyentes y abundantes de la Ciencia Ficción de los 50, de gran ambientación y notable puesta en escena. La obra se sustenta de unas correctas interpretaciones y una sagaz y audaz dirección a la vez que un particular uso de la cámara y la fotografía. El filme mantiene al espectador con una tensión bien sustentada por lo atractivo de su propuesta, recubierto de una atmósfera inquietante, ambigua, de algún rescoldo etéreo que la hace única, debido al sobresaliente vehículo que emplea para llevar acabo la idea artística traducida en un filme singular y no nada sencillo, poseedor de escenarios muy bien escogidos.

Todo reside en un guión limpio y sin fisuras. Obra de exquisito estilo visual y contundente fotografía en B y W acompañada de un extravagante uso de la cámara como es el empleo del plano subjetivo con filtro para representar la mirada del extraterrestre. La obra audiovisual se sostiene mediante un esquematizado y adecuado desarrollo narrativo apoyado por la acertada dirección de un cineasta en sus comienzos (éste fue su tercer filme). La idea de la obra sería recogida a posteriori, por las similitudes formales y conceptuales, con la obra “La invasión de los ladrones de cuerpos” de Don Siegel, obra revolucionaria en la Ciencia Ficción y paradigma del género.

Sin duda un filme muy destacable dentro de la ingente cantidad de obras reseñables dentro de este género.

 

8

4 estrellas

Callejón sin salida (1966)

Callejon_sin_salida-758047010-large

País: Reino Unido

Año: 1966

Duración:  120 minutos

Director: Roman Polanski

Elenco: Donald Pleasence, François Dorleác, Lionel Stander, Jack Mac Gowran

Género: Thriller, Intriga, Drama, Comedia

 

Comentar esta maravillosa obra no es una tarea sencilla, tal vez no por la sensación que otorga el filme, manifestado a través de una crítica constructiva, sino en lo intrincado que resulta desvelar íntegramente su atractivo trasfondo así como las lecturas que se puedan extraer.

Polanski vuelve a filmar una de sus obras más bizarras y lúcidas en toda su sobresaliente filmografía. Este film es el tercer largometraje desde su ópera prima, el thriller psicológico y drama “Un cuchillo en el agua” (1962) y el segundo filme perteneciente a su etapa en el Reino Unido, que comenzó con la fascinante y a la vez trágica “Repulsión” (1965) y siguió ininterrumpidamente hasta el año 1968 que viajó a Estados Unidos para grabar una obra legendaria, y probablemente una de las más reconocidas, aunque no tanto como otras, “La semilla del diablo” (1968)

En esta obra se manifiesta, ineludible debido a la atracción del cineasta por reflejarlo y expresarlo con muchísima minuciosidad, la compleja evolución psicológica de los personajes. Esta obra maestra es sin duda una extraña parábola, una compleja alegoría de las relaciones humanas y la existencia a través de las manipulaciones psicológicas que se ejercen recíprocamente los miembros de esta heterogénea y dispar composición psicológica de la que son partícipes exclusivos. Esta obra la vi hace bastante tiempo (por noviembre del año 2013) y me fascinó en desmesura. Polanski establece una dirección con rigor y consistencia, adherida a un talante transgresor y bizarro que se refleja con suma claridad en el propio encuadre, capaz de trasladar las pesadillas surrealistas introspectivas a la pantalla con fuerza inaudita. Cada encuadre de la obra está establecido con un sentido que intenta desorientar incluso abstraer ante este laberinto psicológico, destilarnos mediante la composición de los mismos las características psicológicas del personaje con un sentido excelso de la forma. A esta perfecta, incluso abrasadora, catarata de encuadres se le añade una notable puesta en escena, compleja desde su planteamiento con la cual Polanski traza esta turbadora e intensa metáfora. Pero la fuerza que reside en la misma no sería igual de contundente sin la opulenta y desasosegante atmósfera que acompaña a la obra en su conjunto, que recubre la obra como si de algo recóndito se tratara, algo turbador y extraño, airoso y desesperado, diluviando y atormentando bajo la existencia de unos singulares personajes. Hace recorrer a los espectadores por un laberinto intelectual sin retorno en el que nos otorga diferentes interpretaciones mediante multitud de situaciones caóticas y surrealistas y diálogos ácidos y cínicos.

Polanski extrae una fuerza visual asombrosa, ensordecedora, que hace más posible la abstracción ante esta singular travesía, acompañado el filme de una singularidad formal de estilo muy depurado. Añado, que de esos magníficos encuadres, caracterizados por un indescriptible poder visual, se extrae la perfecta representación de los gestos, las miradas y las acciones a través de sugerentes planos generales y llamativos primeros planos. Polanski condensa el contexto visual al máxima cual lugar para el desarrollo de la acción narrativa es prácticamente un castillo y las zonas circundantes.

Numerosos encuadres me hacen recordar, sin lugar a dudas, a filmes magníficos del auténtico genio del séptimo arte: Orson Welles. Los intensos primeros planos, el uso del angular para distorsionar las formas… hacen rememorar, por ejemplo, a “Mister Arkadin” (1955), o “El proceso” (1962).  El objeto que impulsa a Polanski a crear esta composición se debe, nombrado anteriormente, para crear esa atmósfera kafkiana con profundos toques tragicómicos, y evidentemente una profunda carga psicológica.

En la obra destaca también la depurada y cristalina fotografía en B & W que hace de la obra una delicia artística de culto aun mayor.

Película poseedora de un fuerte magnetismo y de una inquietante ambigüedad. Un socio moribundo y un gánster, correctamente interpretados, se refugian en un castillo medieval en el que habitan un matrimonio cuyo diferencial de edad se aprecia con toda claridad. El marido es un paranoico pusilánime y la mujer es una pueril ninfómana, que suple el tedio y el vacío, así como la incomunicación que le proporciona ese matrimonio con actividades mundanas (en la cual una de ellas influye en la trama). En un principio el sujeto dominante es el gánster, pues posee una violenta coartada, atemorizando con la violencia y el terror: el revólver, con el cual domina y somete a los huéspedes para realizar sus deseos, entre ellos que no les delaten. Pero inexorablemente, esta relación de dominación va mudando hasta cambiar completamente los roles de cada sujeto, apreciándose claramente cuando llega la visita de unos vecinos.

Polanski va retratando a unos personajes psicológicamente densos e intrínsecamente débiles que se interrelacionan de uno u otro modo dependiendo de las circunstancias que los rodean. La obra en sí no posee un desarrollo narrativo lineal, sino, como sucede en “La aventura” (1960) o “La dolce Vitta” (1960) por ejemplo, se desenvuelve tras una sucesión de magníficas circunstancias componiendo una narrativa impecable con un gran sentido del ritmo acompañado por una eficaz y singular banda sonora.

Una alegoría bizarra, oscura, extraña, densa, única, una obra de culto, otra excelsa obra de Roman Polanski de puro cine de autor perspicaz y transgresora, dotada de una grandísima libertad y riqueza artística que Polanski redondea ahondando en las grandes posibilidades expresivas y visuales. Interpretaciones solventes y notables, principalmente de Donald Pleasance, encarnando al marido pusilánime e impotente, cuya contundencia interpretativa recae en la rápida expresividad y en la densa expresión facial propia de un personaje desequilibrado en el fondo y caótico; Lionel Stander, como el gánster violento e irracional; destaca también la aparición de Françoise Dorleác, hermana de Catherine Deneuve, que falleció, como dato, trágicamente en un accidente automovilístico en 1967, cuyo hecho impidió apreciar la evolución de una trayectoria cinematográfica que emergía.

Film correspondiente a una etapa brillante en el cine de Polanski, década en la que filmó numerosas obras maestras, una por año prácticamente, en el periodo correspondiente a 1965-1968, con “Repulsión” (1965), “Callejón sin salida” (1966), “El baile de los vampiros” (1967), y “La semilla del diablo” (1968),  hecho que me resulta sorprendente y a la vez fascinante, en el cual exprimió este cineasta todo su potencial artístico y todas sus cualidades expresivas; etapa que se truncó durante un par de años (volvió en 1971 para realizar una versión de Shakespeare “Macbeth” desde la excelsa “Trono de sangre” (1957) de mi amado Kurosawa) por el macabro crimen cometido a su esposa, la modelo y actriz Sharon Tate (que aparece en “El baile de los vampiros”) en 1969 . Sin duda uno de mis cineastas favoritos.

 

10

 

500px_5_estrellas

La Aventura (1960)

La_aventura-115454781-largePaís: Italia

Año: 1960

Duración: 140 minutos

Director: Michelangelo Antonioni

Elenco: Monica Vitti, Gabriele Ferzetti, Lea Massari

Género: Drama, Romance

 

Obra de arte, una obra maestra cinematográfica vasta y densa, a la vez que transgresora, una de las piezas angulares en la revolución cinematográfica de los años 60.
Un film revolucionario que revoluciona, la sintaxis narrativa mediante la derogación de los códigos narrativos alterando la narración, centrándose más en el cómo les sucede a los personajes en vez de qué les pasa, la sintaxis visual mediante los perfectos encuadres paisajísticos y las largas y densas tomas ininterrumpidas.

El trasfondo del film es uno de los más complejos de toda la historia del séptimo arte: la incomunicación, vidas a la deriva, la búsqueda en sí mismo, las alineaciones modernas, la desesperación, la soledad, el vacío, la desolación la búsqueda de respuestas, las acciones inacabadas y mecánicas, las acciones absurdas, un renacimiento de ideas de verdaderas y falsas pasiones, la inseguridad de las relaciones, de los sentimientos, el alejamiento del ser humano respecto con las relaciones con el entorno… un trasfondo demoledor y denso sobre las relaciones humanas y la propia acción humana, y una retrospectiva sobre el pasado, el presente y el futuro de las acciones humanas.

Sin un clímax determinado, L’avventura de Antonioni precisa también con una dirección soberbia, propia de Antonioni, junto a una composición cadenciosa de los encuadres que desatan sensibilidad y belleza acompasado por unas interpretaciones memorables, sobre todo mi queridísima Monica Vitti, una excelente actriz que realiza un excelente papel, en su expresión de sentimientos interiores acondicionados a las circunstancias, y en los cambios de registro, simplemente espectacular, acaparando todos los posibles matices de un personaje incierto moralmente, desbordado, insatisfecho, que navega en la deriva en un mar de incertidumbre y belleza arrebatada a la vez que decadente.

La desaparición de Anna crea uno de los Macguffin más demoledores e imponentes de toda la historia del cine desde Ciudadano Kane del excelentísimo Orson Welles. Tal vez la desaparición de Anna era porque quería buscarse a sí misma, encontrarse, dejar esa vida acomodada que llevaba, o tal vez era la escusa para mostrarnos las acciones de los otros dos personajes, una excusa para relatarnos a la perfección los sentimientos, acciones y relaciones humanas en esta odisea cinematográfica.

Su fotografía es espectacular: muy pintoresca, nítida y movimientos muy suaves de cámara de una profundidad de campo envidiable y un magnífico uso de la luz y las sombras para exponer belleza o nostalgia, toda una delicia cinematográfica, cuyo poder visual remite a una odisea artística, con exteriores completamente naturales, como la isla, gran reflexión metafórica sobre el interior de los personajes (vacío, con zonas abiertamente escarpadas, golpeados por el oleaje), un lugar para perderse y no volver a encontrarse. Obra de exquisita belleza visual acompañada de una atmósfera etérea, desgarradora, incierta, de personajes movidos por las circunstancias hacia un futuro ignoto, de una acertadísima puesta en escena, movidos sin sentido. La acción narrativa de estructura circular respecto a las acciones se desenvuelve con una gran delicadeza y esmerada paciencia hacia la plenitud en el que el tiempo y el espacio son irrelevantes. Los silencios, los espacios vacíos son expuestos con emotividad. Un filme que roza la abstracción más deliberadamente bella, de una fuerza dramática asombrosa acompañado por un lirismo embriagador narrando la travesía interna reflejada en lo externo de dos ambigüos personajes.

Una película fascinante, bella, trágica, misteriosa, melancólica, poética, desconcertante, arrebatadora y perfecta con muchas preguntas sin resolver sobre el ser humano.
Una obra maestra del cine.

 

10

 

500px_5_estrellas

 

El silencio de un hombre (1967)

El silencio de un hombre

País: Francia

Año: 1967

Duración: 110 minutos

Director: Jean-Pierre Melville

Elenco: Alain Delon, Nathalie Delon, Caty Rosier

Género: Cine Negro, Thriller, Drama

 

Un hombre, frío y hierático, solitario caminando por las calles de París, ejerciendo como asesino a sueldo. Regido bajo el código samurái, ejecuta sus trabajos meticulosamente y sin reparos, habitando en su alcoba después de realizarlos (o antes) en un ambiente particular único, cargado de una atmósfera poderosa, pobremente decorado, en el que el único sonido es el cantar de su pájaro, y lo único visible es el humo emanado de su boca mientras apura tranquilamente su cigarro. Un lobo hermético y sosegado, meticuloso y audaz, vagando por ese universo de crimen.

Así presento, resumidamente, esta obra capital del Cine Polar Francés, la obra cumbre de Jean Pierre Melville, principal exponente de esta corriente. Esta obra es el resultado final de un esmerado y concienciado aislamiento formal por parte del autor; de perfección estética y excelencia formal. El cine de Melville llega a su cumbre con esta irreemplazable obra, cargada de un estilo único, exclusivo, de subyugante fuerza narrativa acompañada de un latente pero poderoso potencial dramático.

Un hombre acorralado, abocado a la destrucción, de una poderosa fuerza interna, de diálogo parco, dedicándose a observar, a apreciar, a decir única y exclusivamente de lo necesario, prescindiendo de lo gratuito. Los gestos, los movimientos, los pasos, los rostros son perfectamente retratados por Melville, cada mirada, cada expresión, como lo que emanan las imágenes, la fuerza que transmiten, de una exclusividad formal, de una austeridad formal. Melville prescinde de lo recargado, de cualquier atrezzo superfluo y del colorido, reducido, austero a la vez que poderoso. La precisión narrativa, así como el guión, son impecables, pese a la escasez de datos, expuesto únicamente lo necesario, enfocando con mayor relevancia el detalle visual, el gesto, que la acción en sí. La persecución policial en el mero y la coordinación que llevan a cabo para atrapar a Jef Costello es todo un paradigma de la inventiva y de la precisión cinematográfica, de la prosa narrativa reducido el texto a la mínima expresión.

Un film Neo Noir con toques a sabor clásico, fundamento base del Cine Polar Francés, a un ritmo contundente, reposado, en el que el trasfondo dramático, esa reminiscencia, se apodera del filme, hasta llegar a su culmen en el inevitable clímax.

Película de magnetismo vibrante, de fuerza inaudita, ambiguo hasta la irremediable abstracción que se traduce en una auténtica experiencia cinematográfica, ahondando en esta travesía la perfecta dirección y el potencial de los planos secuencias, reposados, y la sólida puesta en escena perfectamente encuadrada. La fotografía es exclusiva, rigurosa a la vez que atrayente, poderosa, acompañada de una música opulenta, una sinfonía que manifiesta los movimientos del samurái solitario, que describe el contexto que le rodea, añadiendo rigor y consistencia dramática.

La obra va adquiriendo intensidad, desde el primer minuto del metraje, fuerza inaudita; potencial asombroso y excitante recubierto de una fuerte alma etérea, una manifestación interna, un testamento fílmico único en la historia del cine, una pieza angular del cine, de potencial y rigor absoluto, una tragedia de un hombre en clave de cine negro. Un trasfondo dramático demoledor de un personaje abocado a la destrucción de impecable destreza.

Estilísticamente aprovechada al máximo, la obra se ve compuesta de una perfecta síntesis de encuadres que destilan pureza y sinceridad, una mirada lúcida reflejada a través del prisma de un tigre solitario, un hombre sereno y calculador, desplazándose la cámara para captar cada momento, cada instante de esta odisea, de este personaje encarnado por Alain Delon en uno de sus papeles memorables, en estado de gracia, volcado en los gestos, en el vigor interno del personaje, extrayendo el jugo de sus matices, de su profundidad, dando como resultado una interpretación sólida, eficaz y desgarradora. Las relaciones de Jeff Costello con sus conocidos, exclusivamente con la bellísima Nathalie Delon, es realmente desgarrada; Costello no ríe, no llora, solo ejecuta, toda la fuerza externa la manifiesta intrínsecamente (estén atentos a las escenas con Nathalie Delon), optando por el silencio y el hermetismo.

Todos los elementos se conforman para crear armonía, arte alineado y puro, calculados hasta la obsesión, arte que prescinde de recursos estilísticos comunes, que se conjuga y da como resultado una travesía artística del más alto nivel, sin muchos detalles argumentales.

Personajes tan austeros como redondos, en los cuales el espectador subjetivamente, deduce las causas de tal ambiguo comportamiento. Los elementos narrativos son escasos, con los cuales se monta la trama general, pero suficientes para desglosar una narrativa tan poderosa, tan contundente, de forma como de esencia. He ahí la transgresión de Melville, los detalles en prosa como visuales siguen un proceso de austeridad absoluta. En contraposición a la obra de 1946 “El sueño eterno” dirigida por Howard Hawks e interpretada por Humprey Bogart, la cual nos presenta un guión de lo más rocambolesco y saciado de datos, Melville prescinde de toda esta superficialidad y se dirige a la esencia, a lo estrictamente necesario, porque la narrativa compleja no tiene por qué poseer la mayor cantidad de detallas, sino fluir con pulso, rigor, coherencia y talento. La abstracción visual de los fotogramas prescindiendo de la excesiva saturación de colores en una dirección perfecta, la abstracción narrativa prescindiendo del excedente argumental; toda esta apreciación, este magnífico ejercicio, lo realiza Melville en la mayor gracia, en la más irremediable cumbre. La fuerza etérea que envuelve la obra durante todo su transcurso como la atmósfera la consigue Melville convirtiéndolo en un mito, en alma sin grandes retazos estilísticos. Film atemporal, magnífico ejercicio de experimentación formal, dentro de unos cánones; en la cual se ve la influencia, tangencial sin duda, de la Nouvelle Vague francesa y la revolución cinematográfica de los años 60.

 

Obra de arte, una experiencia irreemplazable, una obra que se te queda grabada en la retina para la eternidad, un ritual artístico.

 

10

500px_5_estrellas

Los peces rojos (1955)

 

Los_peces_rojos-635454328-large

País: España

Año: 1955

Duración: 100 minutos

Director: José Nieves Conde

Elenco: Arturo de Córdova, Emma Pennella

Género: Cine Negro, Intriga, Drama

 

Existen obras espléndidas que ponen de manifiesto el enorme potencial de nuestro cine. Un ejemplo paradigmático de este cine, a la vez que injustamente desconocido, es la obra que voy a criticar: Los peces Rojos. “Los peces rojos”, junto a la maravillosa “Muerte de un ciclista” del talentoso cineasta Juan Antonio Bardem, componen dos obras irremplazables del cine español que poseen contables similitudes, siendo el género de Cine Negro. En una época en la que la censura franquista ponía límites a la expresión, los cineastas transgresores como Bardem o Conde se saltaban sutilmente estas restricciones arriesgándose a que se la vetaran. Esta película se adentra en un mundo puramente noir de matices psicológicos nunca visto en el cine español, con una estructura narrativa compleja y subyugante.

Obra maestra del Cine Negro mundial. Obra de guión milimétrico y muy bien tejido, complejo y de curiosos recovecos, entresijos, giros, falsas verdades y características narrativas; a la vez que de un portentoso y contundente desarrollo narrativo que se desenvuelve con la más absoluta grandeza. Dirección con muchísimo rigor y porte, e interpretaciones sublimes y convincentes, las cuales aportan una mayor complejidad y verosimilitud a la obra. No tiene nada que envidiar a un film de cine negro americano.

 

Este film es un hito del cine y una cumbre en nuestro cine: narrada impecablemente mediante inteligentísimos y rigurosos flash backs usando de intermediario entre el recurso y el presente ficticio la filmación del fuerte oleaje que azota la costa como la descomposición psicológica que sufren los personajes; así con esa estructura narrativa muy elaborada, mezclando tiempos presentes y pasados por el mecanismo previamente narrado, envuelto el film por una atmósfera inquietante, a la vez que trágica con una capacidad subyugante, de un magnetismo vibrante, eléctrico que hace sumergirse en los recovecos de la trama, del propio contexto, e incluso de los estados psicológicos de los personajes. La maravillosa fotografía en blanco y negro, la cuidadosa y esmerada dirección, la exhaustiva precisión a cualquier detalle, la eficaz y contundente puesta en escena redondea una obra maestra desconocida. Fotografía oscura y de profundos claroscuros propia del mejor film noir, con un bizarro uso de la cámara, como el empleo de planos inclinados, planos secuencia muy bien acompasados y organizados y travellings muy acertados. No existe ningún plano que no justifique el poderoso avance de la acción narrativa en sí, todo está filmado con esmero y paciencia, tanto esa estilizada dirección como esas soberbias interpretaciones con la colaboración de reputados profesionales como Arturo de Córdova (trabajó con Buñuel en “Él” (1952)) o la jovencísima Emma Penella en uno de sus primeros papeles protagonistas. (“El verdugo” (1963), “La busca” (1966), “Fedra” (1956)). José Nieves Conde crea esa atmósfera con la compleja interpretación de Arturo de Córdova, convincente, eficaz, difícil de encarnar.

La meticulosidad y la complejidad describen a esta obra de inherente capacidad visual y narrativa en un ambiente trágico, bizarro cargado de matices, film poseedor de diálogos ingeniosos, sagaces y contundentes, a la vez que expresivos e inteligentes, con un toque transgresor y reivindicativo (presten atención a la escena con el editor y el protagonista escritor); de un trasfondo un tanto ambiguo acompañado durante todo el metraje por un ritmo incesante y agudo, asociado a una tensión que se dirige in crescendo hasta el inevitable y revelador clímax, a la vez que se van incorporando nuevos matices y complejidades argumentales, mientras el desarrollo narrativo se expone inexorablemente. La atracción visual de los encuadres es una maravilla, como la fuerza narrativa y a la vez dramática henchida de una carga psicológica formidable. Las calles solitarias, los espacios vacíos, la incertidumbre, el paso del tiempo hacia la inevitable resolución de los conflictos, las verdades a medias, la autodestrucción formal, la realidad y ficción combinadas con la desestructuración psicológica, la dualidad del ser y el materialismo; se conjuga toda esta temática para crear un excelente cóctel de cine negro compuesto de un excelente vehículo que ha hecho posible la creación de esta gran obra. Pistas que no son, verdades incompletas, lo que parece ser y lo que en realidad es, los giros, recovecos, túneles, indicios, todos estos recursos que conforman parte de la narración tan rocambolesca y a la vez perfecta y palpable se conjugan, se interrelacionan para dar paso a este prodigio cinematográfico. Ahondando sin tapujos en las intrínsecas supuestamente ignotas cualidades y profundidades de connotación psicológica del protagonista, los remordimientos, los deseos, la conciencia, los anhelos.

 

Un film desasosegante, una película transgresora y militante, arriesgada y audaz, que marca una cima, una cumbre, en el cine español y mundial, porque una obra maestra no lo es únicamente dentro de su nacionalidad.

 

10

 

500px_5_estrellas

 

 

 

 

Indiscreta (1958)

Indiscreta-841540296-large

País: Reino Unido

Año: 1958

Duración: 92 minutos

Director: Stanley Donen

Elenco: Cary Grant, Ingrid Bergman

Género: Romance, Comedia

 

Hace años que visioné este film y no me causó ninguna grata sorpresa, sino más bien decepción, ya que me esperaba mucho más de un film tan sencillo e insustancial. Ligera comedia romántica interpretada por dos carismáticos actores (personalmente prefiero a Cary Grant) y dirigida por un notable cineasta, Stanley Donen, autor de filmes como “Siete novias para siete hermanos” (1954), “Charada” (1963), “Dos en la carretera” (1967), co director en “Cantando bajo la lluvia” (1952) etc. Usual romance comercial de ligeros toques cómicos pero de fondo insípida, carente de fuerza. Nos muestra a dos personajes ya maduros que establecen una relación de amistad que va evolucionando a una amorosa. Cary Grant interpreta correctamente a un hombre de negocios cuya esposa se niega rotundamente a concederle el divorcio e Ingrid Bergman desempeña el papel de una actriz con un notorio poder adquisitivo. Entre estos dos personajes surge una usual pero romántica relación amorosa.

El filme en su conjunto es entretenido pero no posee nada que lo catapulte a considerarlo una buena película. Buena puesta en escena pero muy simple desarrollo narrativo el cual posee un guión de lo más sencillo y despreocupado. Stanley Donen realiza una dirección correcta, nada brillante ni talentosa, y el vehículo que emplea para desarrollar tan simple idea es de lo más banal. Película predecible pero agradable, eso sí con alma, en la que la fuerza narrativa y visual no presentan ni el mínimo deseo de aparecer. Correcta y curiosa fotografía, pero ninguno de los fotogramas destila un atisbo de belleza visual. El film posee un tono prácticamente monótono, adorable a su vez, pero carente de ninguna pretensión de aspirar a más, volviendo a reiterar que las interpretaciones son buenas, aunque para el gran elenco que posee el film se podía haber aprovechado mejor. Ritmo uniforme, un tanto insulso, en el que los personajes son meros figurantes que se mueven en el mar de la monotonía. Película de clímax tan apático como predecible.

En definitiva un film interesante, agradable, pero predecible, monótono e insustancial. Una pena teniendo a actores tan buenos y tan expresivos como Cary Grant (como en la obra maestra bizarra y comedia negra “Arsénico por compasión”), pero teniendo a directores tan poco ambiciosos a la vez que talentosos como Stanley Donen.

6

3_estrellas

La calle de la vergüenza (1956)

La_calle_de_la_verg_enza-667810358-large

País: Japón

Año: 1956

Duración: 85 minutos

Director: Kenji Mizoguchi

Elenco: Machiko Kyô, Aiko Mimasu, Ayako Wakao, Michiyo Kogure.

Género: Drama

 

Obra póstuma de Kenji Mizoguchi. Mizoguchi falleció desgraciadamente a la edad de 58 años, el 24 de agosto, a causa de una leucemia fulminante, sin poder ver como se estrenaba esta película. Respecto al tema de la prostitución Mizoguchi se vió notablemente influenciado por visitar casas de geishas en los años 20, tras una fuerte crisis personal marcada por, entre otros factores, la insatisfacción de hacer películas de encargo y por el terremoto que sacudió a Tokio en 1923, arruinado y devastando gran parte de la ciudad. De ahí que hiciera, a posteriori, un documental sobre este terremoto.

La película, es sin duda, una obra maestra. Un desgarrador e intenso filme de fuerza y rigor dramático inaudito, que aborda, con sensibilidad inigualable propia de Mizoguchi, el drama de la prostitución reflejado en un burdel situado en un barrio del extrarradio de Tokio llamado “El País de los sueños”. Mizoguchi disecciona minuciosamente la vida de estas prostitutas, sus vaivenes emocionales, las causas que le llevaron a ejercer la prostitución, su situación tanto personal como familiar; de manera magistral, lírica. “La calle de la vergüenza” es un magnífico drama intimista, de encuadres introspectivos, desgarradores; película de magníficas sombras y claroscuros (habitual en la filmografía de este indispensable cineasta). Un film personal y humilde, con unas interpretaciones soberbias, en las cuales se caracterizan por interpretar a personajes cargados de matices y profunda vida interior; recayendo principalmente en la figura femenina, en la cual Mizoguchi se vuelve a centrar indagando sutilmente en su propia intimidad, exponiendo con maestría irreemplazable sus deseos, sus profundos anhelos. Es complejo abordar con tanta certeza y lirismo el drama de la prostitución, pero Mizoguchi lo realiza brillantemente, con una dirección excelsa, con rigor, lirismo, humildad y sensibilidad, de belleza visual exquisita y brillante fotografía en blanco y negro, todo esto creando una composición de perfectos planos armoniosa y profunda.

Película lenta de memorables diálogos y destreza narrativa, dando prioridad a cómo les sucede a los peronajes en vez de qué les sucede, de desgarradoras situaciones y de escenas bellas y bucólicas, en la cual se vierte un rayo de esperanza, de ilusión en un panorama desolador. Personajes sinceros, en la cual se aprecian la bondad y generosidad de personajes encontrados en esta situación por el ignoto destino (la relación entre las prostitutas y la casera es estremecedora) conviviendo día a día en esa casa de citas. Las relaciones entre las prostitutas y sus clientes, así como entr ellas; es expresado por Mizoguchi con la mayor verosimilitud y pureza. También y no menos importante, es un desgarrador análisis de la condición humana, aunado en ese prostíbulo; todo ello confortado bajo un humanismo aplastante de cualquier postura misántropa. Exquisita composición de encuadres (citado previamente) , de planos medios, de angulaciones con fin intimista; una obra personal espléndida. Una obra que trasciende al más puro espíritu humano. El drama se moldea aun más cuando en la película el parlamento está a punto de ratificar una ley que prohíba la prostitución, dándole matices a la obra, de personajes coartados y situaciones tensas, de un profundo anhelo de escapar de esa situación. Una obra de expresada en el más puro y sincero lenguaje cinematográfico, empleado como vehículo de realización de esta intensa obra.

Una película para apreciar y disfrutar, obra maestra del séptimo arte.

10

500px_5_estrellas

 

El nadador (1968)

El_nadador-815554649-largePaís: EEUU

Año: 1968

Duración: 92 minutos

Director: Frank Perry

Elenco: Burt Lancaster, Janice Rule, Janet Landgard

Género: Drama

Obra de arte singular y compleja. Desgarrador y profundo filme que ahonda en el sentido de la existencia, la vida en sí y sus sinsentidos, hipocresías, mentiras; todo a través de un hombre, Ned Merrill.

Una película compleja, de belleza visual exquisita, de brillante fotografía, que encuadra el entorno natural de manera brillante, naturalista, creando una poesía visual armoniosa y sincera. Encuadres oníricos, de curiosas sombras y resplandeciente claridad en los que se puede palpar en primer plano toda la pureza y magnanimidad de la naturaleza, toda esa pureza metafísica que emanan hasta los más singulares bosques; y ese contexto que alberga a un hombre, a Ned Merrill paseando tras esos frondosos bosques en soledad y en compañía, una magnífica metáfora del hombre y el paso del tiempo.

Un film de interpretaciones memorables, como el magnífico Burt Lancaster, en un papel complejo dotado de una brillante interpretación y caracterización de un personaje cargado de numerosos matices y expresiones; la bellísima Janice Rule en un papel clave para el desenvolvimiento de la trama, con una muy sobresaliente interpretación, de profundos gestos y sentimientos rescatados del olvido. Los dos están magníficos, en una interpretación con muchísimo rigor y porte, una manera de empatizar con el personaje sorprendentemente magnífica, a la vez que empatiza el espectador con él.

Película llena de gestos, sentimientos olvidados y reprimidos, ideas falsas, movimientos, apariencias y realidades, luces y sombras. Profunda metáfora, con innumerables lecturas, acerca de la existencia, del sentido de la vida, la vida misma, sus mentiras e hipocresías, los sentimientos fingidos, las dobles morales, los engaños.

Un poético estudio sobre el paso del tiempo, la ilusión de la vida, la muerte, la plenitud y la decadencia; y del futuro ignoto que permanece latente, inevitable, hasta llegar al fin, que es la muerte.

Gran película de profundidad e intensidad dramática, que se enriquece al poseer numerosas interpretaciones (como he mencionado previamente), y de final como uno de los más desgarradores y contundentes jamás vistos, así como extraño y ambiguo, de clímax intenso y desgarrador.

No pudiendo extraer las distintas lecturas, debido a que se podría torpemente destripar el final, puedo comentar, que es, ante todo, un film filosófico y humano, que ahonda en la metafísica de la existencia, en un guión muy bien hilado y estructurado, así como libremente narrado.

Este magnífico film, sin embargo, se desconoce en gran parte por el fracaso que obtuvo. Rodada en 1966 y no editada hasta 1968, el film estuvo durante dos años sin saber qué hacer con la película por parte del cineasta.

Magnífico montaje y superposición de planos para conseguir un efecto poético de gran calibre. Uso brillante de la cámara lenta para hallar la plenitud y la belleza, del cinema verité, del plano subjetivo y la cámara en mano para mostrar realismo y variedad estilística, del plano indirecto y la cámara a través del agua para conseguir riqueza cinematográfica y belleza. Lo único que no me convenció fue el reiterado uso de la cámara lenta en la escena del ruedo de caballo, siendo aun así mínimo, considerando por ende que se debió filmar en cámara lenta en su justa medida.

El film fluye como el agua a través de los ríos; es una experiencia inolvidable, de escenas singulares y antológicas, como la escena en la que Burt Lancaster se encuentra al niño joven en una de las piscinas, una escena tan extraña como poética.

Una historia sencilla y diálogos sencillos para un final y un trasfondo demoledor. Un film aparentemente sencillo que guarda en sí un hondo mensaje.

Nos muestran la sencillez de la vida para ahondar, en contraposición, la profunda complejidad de la misma.

Del calor al frío, de la seguridad al miedo, de la plenitud a la decadencia, de la felicidad a la verdadera infelicidad.

La familia, el deber, la amistad, los amores pasados se conjugan y se añaden a este filme para concederle una aun mayor exquisita riqueza y una impoluta precisión.

Film con ritmo y alma, entretenido ante todo y sencillo de digerir (aun albergando este profundo trasfondo). Una película que puede permitirse el prescindir de espacio y tiempo, solo llenándose de experiencia, circunstancia, que ahonda en lo más intrínseco del ser.

Y después de visionarlo pensé en esta vida, en la magnífica y bellísima Janice Rule falleció desgraciadamente en el 2003 (por tumor cerebral) y el legendario Burt Lancaster, también fallecido. Y ya no están, en este mundo, pero así es la vida.

“… y parece que hace solo un minuto noto el olor de la hierba; pasa todo tan deprisa, todo el mundo crece y luego, todos hemos de morir; eso es absurdo, ¿no crees?” Cita Ned Merrill (Burt Lancaster), a lo que le contesta sincera y pausadamente su ex amante (Janice Rule): “A veces sí”

Arte en estado puro, obra de arte.

10

500px_5_estrellas

Sanjuro (1962)

Sanjuro

País: Japón

Año: 1962

Duración: 95 minutos.

Director: Akira Kurosawa

Elenco: Toshiro Mifune, Tatsuya Nakadai, Takashi Shimura, Yoshio Inaba, Seiji Miyaguchi.

Género: Acción, Aventuras, Drama

 

Brillante, se me hace imposible transmitir más pasión y más admiración y amor a mi cineasta favorito. Me la ví en junio del año pasado y me pareció una muy buena película, me la he volví a ver este pasado agosto con la grata sorpresa de ver esta obraza maestra, eso sí, para mí, no a la altura de Yojimbo.

Obra maestra absoluta, película vasta e inmensa. Un conjunto de samuráis están decididos a acabar con la corrupción reinante, a quienes se les une un samurái que va por libre (Toshiro Mifune). Magnífica ambientación y puesta en escena arrolladora de coreografías y dirección de los actores maravillosa, con una dirección otra vez excelente y talentosa de Akira Kurosawa, con un uso de la cámara magnífico (los travellings, las grúas, los breves planos secuencias) y la maravillosa fotografía en blanco y negro destacando el uso de la profundidad de campo y las sombras en cada encuadre.
Visualmente fascinante, de potencial plástico abominable, cada encuadre, de una perfección y un porte desgarrador.
Filme de potencial narrativo asombroso, y de guión milimétrico y ajustado; todo a ello de ritmo trepidante y ambicioso.
Y de trasfondo, como siempre en Kurosawa, un mensaje de doble fondo humanista, reflexivo (esta vez de menor intensidad pero se mantiene), como la serenidad y el uso de la astucia y la inteligencia, en vez de los impulsos y la violencia desmesurada para un fin, también la confianza del ser humano con los humanos en sí (me recuerda en su modo, a la brillante “Rashomon”), y la unión de un conjunto para conseguir la verdad y la justicia.
Aparte del latente pero permanente trasfondo dramático, un film magnífico de Acción y Aventuras, trepidante y emocionante en una época resplandeciente para el séptimo arte. Además, posee matices cómicos en muchos diálogos, que corresponden a Tsubaki Sanjuro (Mifune), que enriquecen el filme. Película de grandes interpretaciones, principalmente del legendario Toshiro Mifune y también de los grandísimos Takashi Shimura y Tatsuya Nakadai, para mí tres de los mejores actores de toda la historia del séptimo arte. Protagonista cargado de matices y características, notándose en sus expresiones y gestos.

Una película excelente, maravillosa, estimulante, del mejor cineasta de la historia.

10

 

500px_5_estrellas