Cine de los 40

Tener y no tener

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País: Estados Unidos

Año: 1944

Duración: 98 minutos

Director: Howard Hawks

Elenco: Humprey Bogart, Lauren Bacall, Walter Brennan

Género: Thriller, Intriga, Drama, Cine Negro

 

Clásico fundamental que supuso el debut de una jovencísima Lauren Bacall que contaba con 19 años junto, por primera vez, a Humprey Bogart, de 44 años, siendo el inicio de una pareja fundamental en la Historia del Cine, característica a causa de la excelente química que poseía dentro y fuera de la gran pantalla que se tradujo en un matrimonio que comprendió desde 1944 hasta 1957, año el que falleció Bogart a causa de un fatal cáncer. Hawks supo aprovechar esta magnífica química para dotar a la obra de una sensualidad latente y una portentosa verosimilitud interpretativa.

Hawks apostó con el magnífico escritor Ernest Hemingway sobre la posibilidad de realizar una de sus mejores obras cinematográficas con una de sus peores novelas. Eso sí, con unas cuantas modificaciones. Para ello, puso a su disposición a dos grandes guionistas: William Faulkner y Jules Furhtam.

La obra se desarrolla en plena II Guerra Mundial cuatro años antes respecto al año de filmación de la película, es decir, en 1940. ¿Dónde? En la Martinica, isla colonizada por los franceses supeditada bajo el régimen marioneta de Vichy tras la caída de Francia.

Se trata de una obra en la que la coyuntura del momento la ha favorecido, similar a Casablanca. Me resulta apropiado comentar sobre Casablanca a causa de las similitudes existentes entre ambas: se desarrollan en la misma época, el contexto es parecido, el actor principal es el mismo y su estancia en dicho lugar pretende ser temporal, Francia aparece en la obra ya sea por referencia sobre la procedencia de la Resistencia o por recuerdos emanados por el protagonista. Aparte de muchas otras similitudes, lo citado se debe a que la Warner estaba deseosa de multiplicar los beneficios (propio de las productoras americanas) que había producido Casablanca. Pese a esta desleal premisa, la obra, como he citado al principio, es un gran clásico, pero no una obra maestra.

La presencia de estos grandes guionistas hace que la obra posea unos diálogos excelentes: irónicos, mordaces, con doble sentido; emanados de la boca de unos actores que realizan una memorable interpretación, tanto personajes principales como secundarios. Destaca un gran cuidado de la estética en cada encuadre, posible gracias a una excelente puesta en escena y a una fotografía marcada por profundos claroscuros y una interesante profundidad de campo. Cada posición del actor refuerza la carga semántica del encuadre, tanto la palpable como la que subyace, así como los gestos.          Es imposible olvidar a Lauren Bacall encendiendo un cigarrillo sutilmente mirando fijamente a Humprey Bogart con esa mirada felina, en escenas que transmiten una sensualidad muy marcada en las que cada gesto manifiesta claramente los deseos de cada personaje a través de  miradas sutiles o frases pronunciadas bajo el humo de un cigarrillo tranquilamente apurado.

Destaca el gran guión en una no tan excelsa profundidad narrativa. La composición estética del encuadre refuerza la capacidad de sugerencia de la obra, así como un testigo mudo de las intenciones de los personajes, en escenas en las que Bogart y Bacall conversan en la habitación oscura donde la claridad se vislumbra a través de las franjas horizontales entre los huecos de la persiana por un sol que palidece. Frases antológicas como: “Conmigo no tienes que fingir, no tienes que hacer nada en absoluto, tan solo silbar. ¿Sabes silbar no? Tienes que juntar los labios y soplar.” pronunciadas bajo una sutil y subyugante Lauren Bacall; reflejan la gran capacidad de sugerencia de la obra.

Dentro del trasfondo de la obra cabe destacar la reflexión, en el fondo, sobre la condición humana y la integridad frente a unos ideales. Humprey Bogart (cuyo personaje es Harry) se presenta neutral en la guerra y se niega en un principio a colaborar junto a la Resistencia francesa que representa los ideales de libertad y justicia frente a la barbarie dictatorial, así como al Régimen de Vichy supeditado bajo directrices nacionalsocialistas.

A lo largo de la obra, la posición del protagonista se va modificando y se ve obligado o abocado a colaborar finalmente con la Resistencia, llevando a miembros que la representan con su pequeño barco a la Martinica. Las causas pueden tender a la interpretación: por dinero, necesario para ayudar tanto a Lauren Bacall como a él para salir de la isla; por apuros económicos; por humanismo acrecentado a causa de empatizar con ellos en situaciones clave (la operación quirúrgica que se ve obligado a practicar); por repulsa hacia el Régimen de Vichy… Estas numerosas causas se pueden dar en conjunto incluso, mientras el espectador se ve obligado a interpretar cada situación y cada gesto para dilucidar el porqué, gracias a una psicología del personaje bastante compleja.               Bogart representa en un principio el individualismo moderado, el realismo pragmático (en contraposición a la Resistencia que representa el colectivismo y el idealismo), labrándose su día a día sin recibir ayuda de nadie por decisión propia, sin estar ni sujeto ni depender de nadie. La escena fundamental que resume esta naturaleza es cuando insta a Bacall, en una de sus conversaciones en la habitación, a que se dé una vuelta alrededor suyo preguntándola a posteriori si ve algo, a lo que le responde: “No” (no quiero desvelar más para no estropear), así como la escena del dinero (que también lo dejo). La sensibilidad del personaje que encarna Bogart se advierte también en la relación con su compañero de barco, interpretado por el actor secundario Walter Brennan, un marinero alcohólico de buen corazón. Bogart dispuesto a socorrerle o protegerle en cualquier situación (cuando se dirige Harry a traer a miembros de la Resistencia o en diálogos con doble fondo como en la escena inicial en la que al cliente moroso le dice: “Era un buen marinero antes de darse a la bebida”, causa por la cual podría prescindir de él ante su ineficacia.

Bacall representa a una joven mujer cuyo destino le ha llevado a hospedarse en la isla de manera temporal, deseosa de marcharse cuando reúna la suficiente cantidad de dinero. La presencia de ambos modifica recíprocamente sus expectativas.

La escena del barco adentrándose en el mar a través de la niebla representa tanto la excelente atmósfera que envuelve algunas escenas como la capacidad cinematográfica del cineasta, que es capaz de sugerir por medio de bastantes encuadres el contexto tal como si estuviéramos físicamente allí, como si la niebla nos atravesara el rostro en la inhóspita noche. Cada encuadre evidencia las posibilidades expresivas de un arte donde no es en absoluto suficiente encuadrar aleatoriamente, sino que la propia composición determina la voluntad expresiva del autor, supeditada bajo un anhelo conceptual obligatoriamente presente en el artista, en el que el hecho de transmitir una idea a través de un vehículo compuesto por unas características expresivas que, si se corresponden con las expectativas (tanto ignotas como conocidas), éste deleite la obra. Es decir, que debe existir una armonía entre la idea y la forma de expresarla que a posteriori deleite al espectador en la condición de que corresponda con sus pretensiones.

Remarco, por ello, los magníficos plano-escena presentado muchas veces por travellings que lo que hacen es aumentar el espacio visual de la escena aunando a bastantes personajes bien posicionados, en vez de realizar dos planos como por ejemplo plano- contraplano o viceversa (como en la introducción de Vivir su vida de Godard) Luego si ese encuadre determina asimismo la capacidad expresiva de la obra, se debe encontrar el encuadre necesario, acorde a las ideas del cineasta. Esta tarea la realiza excelentemente Hawks en numerosas ocasiones, algunas de ellas citadas.

Pese a estas grandes cualidades, advierto en la obra una falta de intensidad dramática y rítmica que me imposibilita a considerarla una obra maestra.

Concluyo con citar el buen trabajo de la banda sonora y de las canciones compuestas por el pianista en el local, parecido al Rick’s café de Casablanca, junto a Bacall.

Un clásico satisfactorio cuyo final ambiguo es la metáfora sobre la incertidumbre del destino y la propia ambigüedad del comportamiento y los ideales. También ambiguo por el tono irónico a causa de las diferencias existentes entre tono y fondo.

9

 

4.5_estrellas

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Arsénico por compasión (1944)

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País: Estados Unidos

Año: 1944

Duración: 120 minutos

Director: Frank Capra

Elenco: Cary Grant, Priscilla Lane, Peter Lorre, Josephine Hull, Jean Adair

Género: Comedia

Entre las numerosas comedias que se pueden comentar realizadas en esta magnífica década (y crucial) para el cine, he decidido escoger “Arsénico por compasión”. ¿Por qué? Me resultaba necesario elegir una comedia tan brillante que hoy en día escasean, y tan necesaria que sin duda la he escogido, una obra tan excelsa que deja huella dentro del imaginario cinematográfico.

Se trata de una comedia brillante de guión milimétrico sujeta bajo un excelente desarrollo narrativo. Comedia perfecta bizarra y satírica particularmente matizada con una exquisita composición estética de planos que rezuman fuerza visual inaudita.

La dirección es precisa y enérgica así como una puesta en escena magistral en el que los personajes se mueven bajo un espacio visual muy reducido, espacio que el cineasta con todo su talento es capaz de extraerle todo su potencial debido a la esmerada exploración visual que hace del mismo dotando a la obra de encuadres situados y compuestos de tal modo que aglutinan todo el potencial plástico del mismo, a cargo del mítico cineasta orondo de Sicilia pero afincado en EEUU, Frank Capra, transgrediendo sus propios radios creativos, experimentando con nuevas formas de hacer comedia en plena II Guerra Mundial, (desde 1938 no realizaba ninguna comedia, y hasta la fecha no realizó ninguna comedia negra. Además finaliza, con la realización de dicho film, el periodo en el que se encontraba inmerso desde 1941, año que filmó “Juan Nadie” en la realización de documentales sobre la II Guerra Mundial de corte propagandístico) experimento del cual salió victorioso gracias a que su inteligencia creativa y planificación sobrepasaron cualquier barrera. Obra fascinante que sugiere y cautiva, perturba y atrae.

Ese desarrollo narrativo lo encauzan unos exquisitos diálogos, ácidos y sagaces, que deslizan a través de un guion locamente soberbio. La atmósfera se torna perturbadora en una obra de sugerente fuerza plástica y contundencia narrativa. El encuadre característico que refuerza esta favorable situación se caracteriza por el fuerte contraste cromático, de notados claroscuros con predominio de tonalidades muy oscuras, encuadre reforzado bajo una impecable fotografía en blanco y negro.

Sin duda es una obra de desbordante creatividad, ingenio y planificación, de rimto trepidante y verdadero pulso. Como decía el cineasta de este filme, gran creador de filmes maravillosos como “Qué bello es vivir” (1946), “Sucedió una noche” (1934) o “Vive como quieras” (1938): En el cine no hay normas, solo pecados, y el pecado capital es el aburrimiento. Film subyugante que rezuma vitalidad y alma. Y sin duda remarcable la magistrales interpretaciones de Cary Grant como el crítico teatral Mortimer Brewster, expresiva y a la vez ligera de un personaje al borde de la paranoia en estado de gracia, de una capacidad expresiva inaudita que provoca hilaridad y fascinación simultáneamente; Josephine Hull y Jean Adair como sus dos tías: Abby y Martha, cuya condolencia con los más vulnerables las incita a cometer actos criminales; Peter Lorre como el misterioso Dr. Einstein; Priscilla Lane como la reciente mujer de Mortimer; Raymond Massey, encarnando al hermano de Mortimer;  John Alexander como el loco tío de Mortimer…En definitiva, unos personajes inenarrables y desternillantes, subyugantes e inquietantes. Una comedia perfecta, imprescindible, mezcla de sátira, mordacidad, ingenio y una acidez corrosiva que se traducen asimismo por medio de unos gags visuales colosales.

Un clásico absoluto del cine, una maravilla que merece degustarse por cada una de sus infinitas vertientes. Y estén atentos al final… les va a sorprender.

 

10

 

500px_5_estrellas

Macbeth (1948)

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País: Estados Unidos

Año: 1948

Duración: 105 minutos

Director: Orson Welles

Elenco: Orson Welles, Jeanette Nolan

Género: Drama

La magistral obra de William Shakespeare ha sido adaptada numerosas veces al séptimo arte, las versiones que destacan, a mi gusto son la de Akira Kurosawa “Trono de sangre” (1957), adaptación libre en la cual se aprecia un contexto diferente pues se ambienta en el Japón Feudal del siglo XVI, para mí sin duda una obra cumbre figurando entre mis diez obras favoitas

Orson Welles pese al escaso presupuesto que poseía para realizar la obra, consigue, gracias a su ingente talento, hacer una obra maestra intensa y desasosegante. Welles adapta íntegramente esta inmortal obra dotando al film con una poderosa carga dramática y un profundo intimismo tal cual la concibió Shakespeare. Obra filmada con escaso presupuesto, alejada de todo yugo hollywoodiense, durante un tiempo efímero, apenas tres semanas. Cabe destacar que se trata de la obra que más se ajusta a esta indeleble y magistral obra de William Shakespeare escrita en 1606. Obra excelsa, de subyugante atmósfera, que se adentra en lo más oscuro del ser humano representado por un general del ejército escocés corrompido por la ambición desmedida suscitado por las profecías perversas y certeras de las brujas o hermanas fatídicas. La ambición, el poder, la traición, la maldad, la venganza, los remordimientos, las consciencia se supeditan a merced de esta inmensa obra como la profunda temática que aborda una película portadora de una fuerza visual y una intensidad dramática abrumadora.

Film ambigüo, desde su planteamiento hasta su ejecución, que cautiva inmensamente debido sin duda a su fuerza narrativa y su intenso y eficaz vigor dramático. Obra artística muy compleja, de lenguaje, tanto cinematográfico como literario, denso y metafórico, en el que Welles hace un uso excepcional del montaje cinematográfico y de la propia composición de los encuadres para adentrarnos en una obra sugerente, ambigüa y genial, cargada de una atmósfera subyugante que recubre una cuidada y esmerada ambientación.

El cine y la literatura son artes que se complementan, y este es el caso en el que se fusionan con muchísima cadencia, Welles extrae del fascinante universo Shakesperiano unos personajes profundos y torturados, llenos de matices y obsesiones, cuyo exponente más visible es el protagonista. Aparte de una puesta en escena excepcional y de una dirección de los actores más que acertada, Welles nos traslada ,mediante encuadres herméticos y sugerentes, saciados de profundos claroscuros y brillos irreales, hacia lo más recóndito del personaje y su propia introspección, mediante la cual consigue desvelar sus temores e incluso una profunda y rotunda crítica hacia la existencia humana. Macbeth corrompido por la ambición, debido a la profecía de las hermanas fatídicas y a la posterior persuasión que se hace cargo su esposa Lady Macbeth (véase las numerosas lecturas que se hacen por dicha profecía)  es capaz de renunciar a sus principios y de cometer un espantoso asesinato de su Rey. A partir de esta base, simplificada sin duda, nos adentramos en un mundo de horror y crueldad, capaz de mostrarnos los sentimientos y acciones que se dan simultánemente, envueltos bajo un oscuro pesimismo. Ese contexto se nos presenta como una metáfora del estado psicológico de Macbeth, grutas abruptas, inmensas y tenues, como si de un alma oscura y decadente se tratase, luces irreales bajo una noche oscura, como si la destrucción y la muerte se apoderaran de todos los individuos.

Como siempre, este monumental ser llamado Orson Welles, a pesar de esas barreras es capaz de realizar otra pieza de culto absolutamente grandiosa. Gracias a ese, antes nombrado, uso del agilizado y audaz del montaje a la vez que bizarro y expresionista, y la formalidad del propio encuadre en el que abundan planos secuencias y ángulos extremos,  Welles supera esas barreras que para un cineasta de su calibre no son más que minucias.

Cabe destacar la cuidada y expresiva fotografía en un acertado blanco y negro, y la forma de sugerir en vez de mostrar (no desvelo nada) por parte de una obra barnizada con una plasticidad tanto visual como narrativa ensordecedora.

Destaco también, dentro de las interpretaciones, a la expresiva e intensa actuación del protagonista Macbeth encarnado por Orson Welles, personaje difícil atestado de cualidades intrínsecas y extrínsecas, de una profundidad psicológica apabullante, un Macbteh atormentado, desquiciado y cruel; de la esposa Lady Macbeth, interpretada por la actriz de teatro Jeanette Nolan con muchísimo esmero y precisión, como mujer pérfida y manipuladora, personaje difícil de interpretar sobre todo en el momento que su mente se desquicia. Destaco asimismo, a las tres hermanas fatídicas, Malcolm, Donalbain y Macduff con un muy destacado ejercicio interpretativo a la vez que el resto del elenco, gracias sin duda a la expresiva, elocuente y vigorosa dirección.

La estilización tanto formal como conceptual de los propios encuadres hace más plausible el modo de adentrarse en los recovecos interiores y en las propias reflexiones del propio Macbeth. En el film se adecua el uso de ritmo acorde a lo mostrado cuyo resultado final es cadente y satisfactorio, clara muestra del excelso rigor intelectual y artístico del propio cineasta. Filmado prácticamente en escenarios no naturales y con decorados artificales, en el que el espacio visual se acota y sin embargo Welles hace uso de él como disertación para mostrarnos que no es necesario mostrar tantos escenarios si se conserva la fuerza narrativa, dramática y el vigor expresivo.

Escasa vez se nos mostrará tal trascendental estudio de la conciencia, los remordimientos y la maldad humana. Recomiendo aun así que lean previamente la obra teatral de Shakespeare para que se comprenda mejor la obra, puesto que el uso del lenguaje que hace Shakespeare, tan sutil, intrincado y figurado puede dificultar su compresión si tenemos en cuenta que bastantes diálogos del filme de Orson Welles son propios de la obra teatral, los cuales se enuncian con una poderosa locuacidad y uno no sea capaz de digerirlo la primera vez, hecho que si sucediera deberían ir a por el siguiente diálogo.

Obra maestra imprescindible.

 

10

 

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Ciudadano Kane (1941)

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País: Estados Unidos

Año: 1941

Duración: 120 minutos

Director: Orson Welles

Elenco: Orson Welles, Joseph Cotten, Everett Sloane

Género: Drama

Como primer aniversario del blog y coincidiendo con su visionado después de hace bastante tiempo le rindo homenaje a esta legendaria obra. La mítica obra de Welles la reponían en el Cine Doré. Cuando me percaté de la noticia no dudé en organizarme ese día para que ninguna adversa circunstancia me impidiera apreciar esta solemne obra. Llevaba desde el año 2012 sin verla, sin embargo analizada durante el 2013 y 2014 perenne en mi memoria aunque ciertas escenas las olvidara por el indefectible paso del tiempo.
Fue una sensación maravillosa volver a verla, apreciar este monumento del cine mundial.

Sin duda la película es una imperial e intensa obra de arte creada por uno de los genios más clarividentes que ha dado este mundo, que con tan sólo 26 años filmó esta piedra angular en el cine mundial.

En términos generales considero que la obra podría tratarse como una perfecta muñeca rusa, por más que quites capas siempre encontrarás algo que la hace única y por tanto excelente, porque cuando la cadencia y la composición de la obra ahonda tanto y traza caminos inusitados añadiendo nuevos horizontes en la creación artística con tanto vigor expresivo e intensidad la obra está condenada irremediablemente a ejercer de paradigma.

Ciudadano Kane destaca, primeramente, por la transgresión que provoca en los códigos cinematográficos, tanto en campo narrativo como visual, lo cual se trata de una obra rompedora con las limitaciones artísticas describiendo nuevas perspectivas. El magnífico Orson Welles inventa o constituye la profundidad de campo en el cual el plano corto, medio y general se encuadran a la vez, lo cual hace que el ojo humano pueda fijarse en cualquier punto de la imagen sin que esté predeterminado. Respecto a la narración considero que lo relevante no es el flash back, sino la sucesión de los mismos con elipsis incluidas capaces de dar saltos en el tiempo, ergo constituye una compleja arquitectura narrativa que la hace única. Y por último, siendo éste más subjetivo, la introducción del McGuffin o como me gusta denominarlo pseudo leitmotiv ya que se nos expone una temática, o un elemento del guion que consideramos relevante pero que después no lo es, sino una excusa para mostrarnos el avance de la obra, como podría suceder con “La aventura” (1960) de Michelangelo Antonioni (no desvelo para no estropear la obra)

Esta obra sin lugar a equívoco me resulta fascinante, en primer lugar he citado los apartados técnicos y ahora la disertación de la obra.
Si le quitamos a la nombrada muñeca este afán de transgresión nos hallaremos ante una obra desgarrada, intensa, profunda y emotiva. Welles, mediante su excelente dirección, nos muestra el auge y la decadencia de un magnate del periodismo de forma magistral, interpretado por él mismo, con una intensa profunda carga y fuerza dramática con un guión complejo y perfecto sustentado bajo una narrativa sublime y cadente. La obra se compone de escenas cargadas con intenso intimismo y profunda introspección, sobre todo en la segunda mitad de la obra. Se podría considerar también, dentro de sus múltiples vertientes, como una reflexión sobre el auge y la decadencia, el paso del tiempo y las ilusiones anheladas y extraviadas que se difuminan única y exclusivamente en el ocaso, que es la muerte, y el canto de un hombre solo abocado irremediablemente al más hondo ostracismo personal pese a la fama adquirida, acumulando bienes materiales para intentar saciar y sofocar ese profundo vacío a causa de una existencia paulatinamente alienada.

La maravillosa fotografía en blanco y negro apoyada bajo la transgresión de la mencionada profundidad de campo más los marcados y contundentes claroscuros que trasmiten un vigor expresivo sensacional marcan un estilo exclusivo y cuidado, esmerado y concienzudo.

La dirección de Welles es otro hito memorable en esta mastodóntica obra, en la que abundan excelsos travellings, planos secuencias, movimientos grúas, contrapicados, encuadres a través de espejos y cristales rotos etc. encuadrados en el momento y situación justa con finalidad exclusivamente artística, y con una intención de dotar a la obra mediante la riqueza que albergan las posibilidades cinematográficas, matizar y recargar de una mayor profundidad a la película. Encuadres de gran fuerza y belleza visual inherentes a un poderoso castillo dramático y agudeza narrativa.

No sería la obra tal como la concebimos si no fuera también por el fascinante y agilizado montaje, una de los elementos capaces de modificar el mensaje o trasfondo de la obra, elemento que Welles también concebía plenamente. En la obra se nos presentan transiciones, mezcla de archivos documentales (ficticios), superposición de planos, la combinación de los mismos con fines simbólicos; todo unido y entrelazado de manera armoniosa, comprendido en un montaje poético y a la vez narrativo, compuesto por difeerentes enfoques y adaptados a cada situación en la propia obra.

La puesta en escena es indudablemente deliciosa, con interpretaciones memorables del protagonista Orson Welles y Joseph Cotten entre los más conocidos. Personajes complejos cargados de matices, sobre todo el protagonista, en el que Welles introduce un ser de una ambigüedad moral y psicológica inevitable con luces y sombras.
Orson Welles otorga mayor opulencia a la obra mediante la alternancia de discursos objetivos y subjetivos correspondientes a los flashes back, proporcionando esa citada ambigüedad en el personaje, subjetivo respecto a las diversas valoraciones de las personas vinculadas a él; y objetivo pero incompleto, al documental inicial sobre su vida. Ergo Welles hace que el espectador constituya su propia reflexión sobre este personaje, sin influencia ideológica alguna.

En la obra se puede observar una crítica (como telón de fondo) a la doble moral e hipocresía en la sociedad americana como en la escena que descubren a Kane y una joven por una estrategia trazada de su esposa y otra persona (no revelo) con fines políticos (justo después de realizar el mítin como candidato a gobernador). También analiza la relevancia de la prensa, denominada el cuarto poder y a la manipulación de la verdad con fines políticos y económicos.

La influencia de la obra en la propia sociedad fue, entre otras muchas, por la crítica al magnate de la prensa que dominaba en ese momento: William Randolph Hearst.
El contexto de la obra es sensacional y adecuado en cada momento, alumbrado bajo una etérea y expresiva atmósfera cuyo exponente más apreciable es la escena del castillo en la que se aprecia a Charles Foster Kane en segundo plano y a su esposa en primer plano albergados bajo un fastuoso y vacío palacio en el que el tedio, la monotonía y la impotencia se apodera del contexto.

Los diálogos son otro gran punto de esta inmensa película así como los gestos y expresiones. Diálogos expresivos, dramáticos alternados con cómicos para relajar la tensión, de ahí que la gran capacidad de Welles para cambiar de registro dramático a cómico o la alternancia de los dos sea fascinante. Los gestos condenan a la obra a inmortalizarse, me quedo con uno, con el plano en el que se aprecia a Welles en plano general tomado desde la puerta en el cuarto de su esposa tras marcharse ella, en soledad, impotente, derrumbado.

Como curiosidad añado que cuando el proverbial Akira Kurosawa realizó la obra de arte “Rashomon” (1950), hubo una gran especulación sobre si había copiado la estructura narrativa de “Ciudadano Kane”, pero sin embargo él lo negó y en ese momento afirmó que todavía no la había visto. Si Welles no la hubiera introducido seguramente que Kurosawa lo hubiera hecho.

Fascinante historia, proverbial final y contundente profundidad dramática, visual y estilística para un clásico monumental.
Una de las obras más grandes jamás filmadas. Welles decía: “Todos niegan que soy un genio, pero yo jamás he dicho que lo sea” Tranquilo Orson siempre lo serás, las luces que más brillan son las que por mucho que les boicoteen siempre estarán en el firmamento.

 

10

 

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El ministerio del miedo (1944)

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País: EEUU

Año: 1944

Duración: 83 minutos

Director: Fritz Lang

Elenco: Ray Milland, Marjorie Reynolds, Carl Esmond, Hillary Brooke

Género: Intriga, thriller

 

Grandísima obra de Fritz Lang.
Con una absorbente trama y una precisión narrativa milimétrica, el magnífico Fritz Lang nos sorprende con una maravillosa obra (una de sus muchas, a destacar “Los sobornados”, “La mujer del cuadro”, “Pervesidad”, “Las tres luces”, “Metrópolis”, “M, el vampiro de Dusseldorf”) con un comienzo espectacular, con el cuco en primer plano y un gran enfoque a esas sombras y a la mezcla perfecta de claroscuros en una atmósfera subyugante, que nos recuerda a sus mejores obras de expresionismo alemán, de su etapa muda; mientras nos presenta, de manera inversa al plano contra plano (que no hay debido a que lo filma en plano secuencia) encuadrando primero al cuco, y después con un movimiento suave de cámara (hacia atrás) nos presenta el contexto en general (la habitación en este caso donde está el protagonista); a nuestro protagonista, Stephen Neale, interpretado por el estupendo actor Ray Milland.

El ministerio del miedo contraplano plano secuencia inicial

Esta película, con este comienzo magistral dirigido por mano maestra, con gran uso de la cámara, de la atmósfera y el ritmo; se ve más alzada aún por el gran nudo de la trama, un planteamiento fuerte y arriesgado, el cual no cae nunca en la inverosimilitud; en el que Ray Milland, como en toda la película, hace un gran papel, un hombre desconcertado, temeroso, con todo lo que sucede a su alrededor Un pastel que no es lo que parece, una gente que no es lo que parece, un ciego que no es lo que parece; todo son apariencias y hechos falsos; todo ello con trasfondo inesperado.

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La obra se desenvuelve con gran desarrollo narrativo, el cual posee un guión con precisión milimétrica, en el que posee ingredientes claves para hacer de esta obra como una de las más grandes del espionaje: pistas falsas, paranoia, tapaderas encubiertas, personas falsas con sobrenombre, entidades encubiertas, persecuciones… todo ello para crear en ciertos momentos del film una pesadilla surrealista de gran fuerza narrativa y visual; de la que Fritz Lang, maestro indiscutible del expresionismo alemán y del cine en general, hace el resto con una muy buena dirección, presentándonos primeros planos de horror, miedo, furia, paranoia (notándose otra vez influencias del expresionismo), presentándonos con un magnífico travelling situaciones clave del film, cenitales en el clímax, y planos generales de páramos oscuros y tenebrosos.

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Todo ello narrado a un gran ritmo y con una gran tensión, hasta el desenlace del clímax, que provoca desconcierto debido a la diferencia de ritmo y de atmósfera comparado con todo el film. Película arriesgada, realizada en plena II Guerra Mundial, tratando el tema del espionaje internacional y rodada en Londres, retratando los bombardeos y el refugio en el metro en una de las secuencias del film. Interpretaciones fantásticas (destaco otra vez a Ray Milland y a los magníficos secundarios, como a Marjorie Reynolds, actriz relativamente muy poco conocida) y también gran dirección de los actores, como es propio de un gran director como el austríaco Lang para redondear la obra.

 

El ministerio del miedo Marjorie Reynolds

Un gran film, una lección maestra de ritmo, forma, dirección, precisión narrativa y tensión cinematográfica, otro de los muchos que nos regala la década de los 40, una grandísima década para el cine.

9

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