Cine de los 50

Stromboli, tierra de Dios

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País: Italia

Año: 1950

Duración: 100 minutos

Director: Roberto Rossellini

Elenco: Ingrid Bergman, Mario Vitale, Renzo Cesana

Género: Drama

Se consideraba de imperiosa necesidad el hecho de realizar una crítica a una obra que perteneciera al Neorrealismo Italiano, uno de los movimientos cinematográficos más fructíferos e influyentes en la Historia del séptimo arte que cambió el rumbo del mismo, movimiento cuya influencia se extendió a escala mundial y que espero dedicar en una próxima entrada un merecido reconocimiento.

Esta obra fue polémica el día de su estreno, principalmente en EEUU debido a que Ingrid Bergman mantuvo una relación con Roberto Rossellini durante el rodaje, que se tradujo en  y el nacimiento de una hija antes de divorciarse con su anterior marido y un posterior matrimonio con Rossellini. De hecho, la crítica Norteamericana vapuleó esta película cegados por los prejuicios o los intereses (económicos) de aunar el desprecio que compartía una parte de la sociedad con el fin de no ser señalados. Por suerte, esta obra constituye una de las grandes obras del Neorrealismo y el Cine mundial.

Stromboli es una obra desoladora que escarba en la condición humana a través de una mujer oprimida por su entorno y sus habitantes. Relata con lucidez las relaciones del hombre con la naturaleza y corrobora la influencia del medio sobre el ser. Una mujer abocada a la infelicidad en un entorno hostil, anquilosado, destructivo y deshumanizado, igual que gran parte de su población y las relaciones que entablan; infelicidad que se refleja en una angustia existencial que tiende a desbordarse. Una profunda metáfora existencialista desgarrada y profunda de insuperable lirismo y crudeza, un desesperado canto a la voluntad de poder y a la libertad como medios de autorrealización humana, vehículo último para alcanzar la felicidad. La cámara es partícipe en cada presio instante, como en la actividad económica del pueblo, la pesca y bien recoge como testimonio Rosellini, siendo una escena esclarecedora de la influencia del Neorrealismo y de hecho movimiento que se adscribe la obra. Ingrid Bergman desata pasión y compromiso con un personaje desgarrador cuyo destino sucumbe inevitablemente a la infelicidad, traspasando de una cárcel (el campo de refugiados) a otra (la isla). Ese soplo de vitalidad, creatividad y falta de prejuicios característicos de la protagonista choca inevitablemente con el entorno y la sociedad que lo pobla. Intenta como medio claudicante adaptarse, pero esa adaptación se convierte en imposible, pues la aliena, la desprende de toda esperanza ante una sociedad cainita y prejuiciosa, violenta y deshumanizada, intransigente y desoladora. Un pueblo asentado por medio de una arquitectura endeble y primitiva, tal como es su psicología y su forma de vida, a merced ambos del entorno, entorno represor representado por la voracidad de un volcán cuyo ardor no cesa y amenaza con estallar. Como cuestión se puede extraer de esta condición: ¿El entorno condiciona las relaciones sociales de los individuos así como su existencia individual, o es que el entorno es el mero reflejo de la propia sociedad tanto de sus relaciones sociales como de su actividad económica?

Cabe destacar la magnífica dirección de Rossellini, que sabe aunar en la composición del encuadre una acertada puesta en escena así como una dominación de la luz y la sombra y de la textura; consiguiendo encuadres de verdadero lirismo que se hilvana con delicadeza a los demás creando un poema cinematográfico que rezuma cadencia. Como pilar fundamental del Neorrealismo se aprecia la práctica ausencia de decorado artificial y la total y permanente filmación en escenarios naturales, así como la interpretación de actores no profesionales; y la forma de narrar visualmente la obra, a través de la propia circunstancia y no de la acción en sí, con lo que constituye una obra/parábola/alegoría existencialista magnífica. Destaco el magnífico trabajo de la fotografía que es capaz de moldear encuadres de impecable factura, con muchísimo rigor y fuerza visual aderezada con un lirismo inaudito, de delicada textura. La capacidad de configurar con tanta delicadeza el encuadre permite que la atmósfera que envuelve a la obra adentre en nuestro ser. Obra con gran madurez dramática, donde la coherencia psicológica y la intensidad emocional confluyen para crear un conjunto intachable. Por desgracia, a mi parecer excede Rosellini en el uso de la música con el fin de reforzar el lirismo y la carga dramática de la obra, pero que es innecesario ya que per se el conjunto de los encuadres trasmite lo pretendido con muchísima precisión y vigor, y por ello se hace redundante el uso de un recargo emocional extradiegético.

 

Grandísima obra, un clásico moderno fundamental, lírico y apasionante perteneciente a una de las corrientes más prodigiosas que ha otorgado el séptimo arte.

 

9

4.5_estrellas

Vinieron del espacio (1953)

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País: Estados Unidos

Año: 1953

Duración:  80 minutos

Director: Jack Arnold

Elenco: Richard Carlson, Barbara Rush

Género: Ciencia Ficción, Terror

El género de Ciencia Ficción, sobre todo de esta época, he considerado que se ha minusvalorado desmesuradamente; debido en parte al desconocimiento de las obras, al reemplazo de los efectos especiales de los cuales se nutren las películas actuales para tapar muchas carencias, y a la parodia de las mismas por obras (tan infames como entretenidas) como “Mars Attack” (1996) ;las obras que corresponden a dicho periodo .Pero sin duda, y por lo menos desde mi punto de vista, existen obras muy destacables y sobresalientes que merecen ser visionadas, no solo ya como obra cinematográfica (extrayendo toda su esencia y su composición, analizada al completo con su trasfondo y su visión, sino para extraer el pensamiento y la evolución del mismo a través del tiempo en relación con el marco histórico, es decir, como documento) Los filmes de esta década han influido muchísmo para la posterior evolución del género, y han servido de base para muchas propuestas que parecían ser innovadoras. El miedo a lo desconocido, la existencia, el peligro nuclear, la violencia o la paranoia anticomunista han sido las principales reflexiones de estas obras, en la que destacan un puñado de ellas, entre las que destaco “La invasión de los ladrones de cuerpos” (1956), “El increíble hombre menguante” (1957), “1984” (1955), “La mosca” (1958), “El experimento del Dr Quatermass” (1956), “Ultimátum a la Tierra” (1951). En numerosas producciones destacaba la realización de las mismas con escaso presupuesto, de ahí la conocida “Serie B”, y por ende un mérito conseguir notables e incluso obras maestras con escasos medios.

El film que nos ocupa hoy se trata de una obra singular e inquietante, en comparación con otras está sujeta en el más absoluto ostracismo pero sin duda es una joya que merece ser apreciada y descubierta. Película de inquietante atmósfera y gran sentido del ritmo acompañado por profundos efluvios de tensión que acompasan la obra.

El cineasta traza una sagaz reflexión sobre la violencia y el miedo a lo desconocido empleando la ciencia ficción como reflexión sociopolítica ahondando en la reacción que provoca sobre los habitantes la inclusión de tal abominable y desconocido ser.

Una película memorable, fascinante, que sugiere en vez de enseñar. Película que recoge una de las temáticas infuyentes y abundantes de la Ciencia Ficción de los 50, de gran ambientación y notable puesta en escena. La obra se sustenta de unas correctas interpretaciones y una sagaz y audaz dirección a la vez que un particular uso de la cámara y la fotografía. El filme mantiene al espectador con una tensión bien sustentada por lo atractivo de su propuesta, recubierto de una atmósfera inquietante, ambigua, de algún rescoldo etéreo que la hace única, debido al sobresaliente vehículo que emplea para llevar acabo la idea artística traducida en un filme singular y no nada sencillo, poseedor de escenarios muy bien escogidos.

Todo reside en un guión limpio y sin fisuras. Obra de exquisito estilo visual y contundente fotografía en B y W acompañada de un extravagante uso de la cámara como es el empleo del plano subjetivo con filtro para representar la mirada del extraterrestre. La obra audiovisual se sostiene mediante un esquematizado y adecuado desarrollo narrativo apoyado por la acertada dirección de un cineasta en sus comienzos (éste fue su tercer filme). La idea de la obra sería recogida a posteriori, por las similitudes formales y conceptuales, con la obra “La invasión de los ladrones de cuerpos” de Don Siegel, obra revolucionaria en la Ciencia Ficción y paradigma del género.

Sin duda un filme muy destacable dentro de la ingente cantidad de obras reseñables dentro de este género.

 

8

4 estrellas

Los peces rojos (1955)

 

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País: España

Año: 1955

Duración: 100 minutos

Director: José Nieves Conde

Elenco: Arturo de Córdova, Emma Pennella

Género: Cine Negro, Intriga, Drama

 

Existen obras espléndidas que ponen de manifiesto el enorme potencial de nuestro cine. Un ejemplo paradigmático de este cine, a la vez que injustamente desconocido, es la obra que voy a criticar: Los peces Rojos. “Los peces rojos”, junto a la maravillosa “Muerte de un ciclista” del talentoso cineasta Juan Antonio Bardem, componen dos obras irremplazables del cine español que poseen contables similitudes, siendo el género de Cine Negro. En una época en la que la censura franquista ponía límites a la expresión, los cineastas transgresores como Bardem o Conde se saltaban sutilmente estas restricciones arriesgándose a que se la vetaran. Esta película se adentra en un mundo puramente noir de matices psicológicos nunca visto en el cine español, con una estructura narrativa compleja y subyugante.

Obra maestra del Cine Negro mundial. Obra de guión milimétrico y muy bien tejido, complejo y de curiosos recovecos, entresijos, giros, falsas verdades y características narrativas; a la vez que de un portentoso y contundente desarrollo narrativo que se desenvuelve con la más absoluta grandeza. Dirección con muchísimo rigor y porte, e interpretaciones sublimes y convincentes, las cuales aportan una mayor complejidad y verosimilitud a la obra. No tiene nada que envidiar a un film de cine negro americano.

 

Este film es un hito del cine y una cumbre en nuestro cine: narrada impecablemente mediante inteligentísimos y rigurosos flash backs usando de intermediario entre el recurso y el presente ficticio la filmación del fuerte oleaje que azota la costa como la descomposición psicológica que sufren los personajes; así con esa estructura narrativa muy elaborada, mezclando tiempos presentes y pasados por el mecanismo previamente narrado, envuelto el film por una atmósfera inquietante, a la vez que trágica con una capacidad subyugante, de un magnetismo vibrante, eléctrico que hace sumergirse en los recovecos de la trama, del propio contexto, e incluso de los estados psicológicos de los personajes. La maravillosa fotografía en blanco y negro, la cuidadosa y esmerada dirección, la exhaustiva precisión a cualquier detalle, la eficaz y contundente puesta en escena redondea una obra maestra desconocida. Fotografía oscura y de profundos claroscuros propia del mejor film noir, con un bizarro uso de la cámara, como el empleo de planos inclinados, planos secuencia muy bien acompasados y organizados y travellings muy acertados. No existe ningún plano que no justifique el poderoso avance de la acción narrativa en sí, todo está filmado con esmero y paciencia, tanto esa estilizada dirección como esas soberbias interpretaciones con la colaboración de reputados profesionales como Arturo de Córdova (trabajó con Buñuel en “Él” (1952)) o la jovencísima Emma Penella en uno de sus primeros papeles protagonistas. (“El verdugo” (1963), “La busca” (1966), “Fedra” (1956)). José Nieves Conde crea esa atmósfera con la compleja interpretación de Arturo de Córdova, convincente, eficaz, difícil de encarnar.

La meticulosidad y la complejidad describen a esta obra de inherente capacidad visual y narrativa en un ambiente trágico, bizarro cargado de matices, film poseedor de diálogos ingeniosos, sagaces y contundentes, a la vez que expresivos e inteligentes, con un toque transgresor y reivindicativo (presten atención a la escena con el editor y el protagonista escritor); de un trasfondo un tanto ambiguo acompañado durante todo el metraje por un ritmo incesante y agudo, asociado a una tensión que se dirige in crescendo hasta el inevitable y revelador clímax, a la vez que se van incorporando nuevos matices y complejidades argumentales, mientras el desarrollo narrativo se expone inexorablemente. La atracción visual de los encuadres es una maravilla, como la fuerza narrativa y a la vez dramática henchida de una carga psicológica formidable. Las calles solitarias, los espacios vacíos, la incertidumbre, el paso del tiempo hacia la inevitable resolución de los conflictos, las verdades a medias, la autodestrucción formal, la realidad y ficción combinadas con la desestructuración psicológica, la dualidad del ser y el materialismo; se conjuga toda esta temática para crear un excelente cóctel de cine negro compuesto de un excelente vehículo que ha hecho posible la creación de esta gran obra. Pistas que no son, verdades incompletas, lo que parece ser y lo que en realidad es, los giros, recovecos, túneles, indicios, todos estos recursos que conforman parte de la narración tan rocambolesca y a la vez perfecta y palpable se conjugan, se interrelacionan para dar paso a este prodigio cinematográfico. Ahondando sin tapujos en las intrínsecas supuestamente ignotas cualidades y profundidades de connotación psicológica del protagonista, los remordimientos, los deseos, la conciencia, los anhelos.

 

Un film desasosegante, una película transgresora y militante, arriesgada y audaz, que marca una cima, una cumbre, en el cine español y mundial, porque una obra maestra no lo es únicamente dentro de su nacionalidad.

 

10

 

500px_5_estrellas

 

 

 

 

Indiscreta (1958)

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País: Reino Unido

Año: 1958

Duración: 92 minutos

Director: Stanley Donen

Elenco: Cary Grant, Ingrid Bergman

Género: Romance, Comedia

 

Hace años que visioné este film y no me causó ninguna grata sorpresa, sino más bien decepción, ya que me esperaba mucho más de un film tan sencillo e insustancial. Ligera comedia romántica interpretada por dos carismáticos actores (personalmente prefiero a Cary Grant) y dirigida por un notable cineasta, Stanley Donen, autor de filmes como “Siete novias para siete hermanos” (1954), “Charada” (1963), “Dos en la carretera” (1967), co director en “Cantando bajo la lluvia” (1952) etc. Usual romance comercial de ligeros toques cómicos pero de fondo insípida, carente de fuerza. Nos muestra a dos personajes ya maduros que establecen una relación de amistad que va evolucionando a una amorosa. Cary Grant interpreta correctamente a un hombre de negocios cuya esposa se niega rotundamente a concederle el divorcio e Ingrid Bergman desempeña el papel de una actriz con un notorio poder adquisitivo. Entre estos dos personajes surge una usual pero romántica relación amorosa.

El filme en su conjunto es entretenido pero no posee nada que lo catapulte a considerarlo una buena película. Buena puesta en escena pero muy simple desarrollo narrativo el cual posee un guión de lo más sencillo y despreocupado. Stanley Donen realiza una dirección correcta, nada brillante ni talentosa, y el vehículo que emplea para desarrollar tan simple idea es de lo más banal. Película predecible pero agradable, eso sí con alma, en la que la fuerza narrativa y visual no presentan ni el mínimo deseo de aparecer. Correcta y curiosa fotografía, pero ninguno de los fotogramas destila un atisbo de belleza visual. El film posee un tono prácticamente monótono, adorable a su vez, pero carente de ninguna pretensión de aspirar a más, volviendo a reiterar que las interpretaciones son buenas, aunque para el gran elenco que posee el film se podía haber aprovechado mejor. Ritmo uniforme, un tanto insulso, en el que los personajes son meros figurantes que se mueven en el mar de la monotonía. Película de clímax tan apático como predecible.

En definitiva un film interesante, agradable, pero predecible, monótono e insustancial. Una pena teniendo a actores tan buenos y tan expresivos como Cary Grant (como en la obra maestra bizarra y comedia negra “Arsénico por compasión”), pero teniendo a directores tan poco ambiciosos a la vez que talentosos como Stanley Donen.

6

3_estrellas

La calle de la vergüenza (1956)

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País: Japón

Año: 1956

Duración: 85 minutos

Director: Kenji Mizoguchi

Elenco: Machiko Kyô, Aiko Mimasu, Ayako Wakao, Michiyo Kogure.

Género: Drama

 

Obra póstuma de Kenji Mizoguchi. Mizoguchi falleció desgraciadamente a la edad de 58 años, el 24 de agosto, a causa de una leucemia fulminante, sin poder ver como se estrenaba esta película. Respecto al tema de la prostitución Mizoguchi se vió notablemente influenciado por visitar casas de geishas en los años 20, tras una fuerte crisis personal marcada por, entre otros factores, la insatisfacción de hacer películas de encargo y por el terremoto que sacudió a Tokio en 1923, arruinado y devastando gran parte de la ciudad. De ahí que hiciera, a posteriori, un documental sobre este terremoto.

La película, es sin duda, una obra maestra. Un desgarrador e intenso filme de fuerza y rigor dramático inaudito, que aborda, con sensibilidad inigualable propia de Mizoguchi, el drama de la prostitución reflejado en un burdel situado en un barrio del extrarradio de Tokio llamado “El País de los sueños”. Mizoguchi disecciona minuciosamente la vida de estas prostitutas, sus vaivenes emocionales, las causas que le llevaron a ejercer la prostitución, su situación tanto personal como familiar; de manera magistral, lírica. “La calle de la vergüenza” es un magnífico drama intimista, de encuadres introspectivos, desgarradores; película de magníficas sombras y claroscuros (habitual en la filmografía de este indispensable cineasta). Un film personal y humilde, con unas interpretaciones soberbias, en las cuales se caracterizan por interpretar a personajes cargados de matices y profunda vida interior; recayendo principalmente en la figura femenina, en la cual Mizoguchi se vuelve a centrar indagando sutilmente en su propia intimidad, exponiendo con maestría irreemplazable sus deseos, sus profundos anhelos. Es complejo abordar con tanta certeza y lirismo el drama de la prostitución, pero Mizoguchi lo realiza brillantemente, con una dirección excelsa, con rigor, lirismo, humildad y sensibilidad, de belleza visual exquisita y brillante fotografía en blanco y negro, todo esto creando una composición de perfectos planos armoniosa y profunda.

Película lenta de memorables diálogos y destreza narrativa, dando prioridad a cómo les sucede a los peronajes en vez de qué les sucede, de desgarradoras situaciones y de escenas bellas y bucólicas, en la cual se vierte un rayo de esperanza, de ilusión en un panorama desolador. Personajes sinceros, en la cual se aprecian la bondad y generosidad de personajes encontrados en esta situación por el ignoto destino (la relación entre las prostitutas y la casera es estremecedora) conviviendo día a día en esa casa de citas. Las relaciones entre las prostitutas y sus clientes, así como entr ellas; es expresado por Mizoguchi con la mayor verosimilitud y pureza. También y no menos importante, es un desgarrador análisis de la condición humana, aunado en ese prostíbulo; todo ello confortado bajo un humanismo aplastante de cualquier postura misántropa. Exquisita composición de encuadres (citado previamente) , de planos medios, de angulaciones con fin intimista; una obra personal espléndida. Una obra que trasciende al más puro espíritu humano. El drama se moldea aun más cuando en la película el parlamento está a punto de ratificar una ley que prohíba la prostitución, dándole matices a la obra, de personajes coartados y situaciones tensas, de un profundo anhelo de escapar de esa situación. Una obra de expresada en el más puro y sincero lenguaje cinematográfico, empleado como vehículo de realización de esta intensa obra.

Una película para apreciar y disfrutar, obra maestra del séptimo arte.

10

500px_5_estrellas

 

Los siete samuráis (1954)

Los_siete_samurais-914194246-largePaís: Japón

Año: 1954

Duración: 205 minutos.

Director: Akira Kurosawa

Elenco: Toshiro Mifune, Takashi Shimura, Yoshio Inaba, Seiji Miyaguchi.

Género: Drama, Acción, Aventuras

 

Este magnífico año ha destacado también por volver otra vez a ver excelentes películas, como me sucedió con “Cuentos de la luna pálida de agosto”, por ejemplo, o con Rashomon, o también con Sanjuro. Y la casualidad de que a la segunda vez que las veía me apasionaban mucho más, más que la última vez vista; y “Los siete samuráis” no ha sido ninguna excepción de esta regla. “Los siete samuráis”, una de las grandes obras maestras del cine mundial, dirigida por el legendario y proverbial cineasta Akira Kurosawa, de duración épica, tres horas y veinticinco minutos, de puro cine. Vista en tres veces, por inconvenientes que depara el ignoto destino o por hechos lógicos y usuales. Y la verdad, qué felicidad de vérmela de nuevo.

Grandiosa y legendaria obra maestra del cine. Obra de potencial plástico inigualable, un magistral ejemplo de potencial narrativo y perfección dramática. Una composición perfecta de planos de belleza visual apabullante, de primeros planos, travellings y grúas que trascienden a lo más grande del cine, de una riqueza artística exclusiva de los grandes del cine, en el Olimpo de la expresión cinematográfica. Un filme humanista y desgarrador, cargado de símbolos y escenas antológicas quedándose intactas en lo más hondo de los recovecos de la memoria, en el que la unidad, la confianza y la astucia hacen frente a la maldad, la injusticia y la adversidad.

Desgarrador análisis de la condición humana en el Japón Feudal del siglo XVI, exhaustivo y profundo análisis de las clases sociales.

Un filme de perfectas sombras y dirección apabullante, cómo no del espléndido y humanista Akira Kurosawa, realizando otra dirección perfecta y con muchísimo pulso y rigor en pleno apogeo de su grandeza perenne, con una antológica dirección de los actores. Y “Los siete samuráis”, cabe comentar, poseedor de una excelsa fotografía en blanco y negro, de una belleza y profundidad que sacia los deseos más profundos de llegar a la plenitud, de brillantes claroscuros, de antológicos travellings y grúas, como he comentado, así como primeros planos o travellings circulares, matizando aun más como su reposado potencial cinematográfico. Todo esto sustentado por un guión ajustado y milimétrico en el que no falta ni un ápice, ni un matiz para redondearlo, es impecable, una maravilla, un prodigio de la inventiva y la planificación, de la manifestación externa e interna de una inteligencia, un trabajo y un humanismo que permanece y permanecerá indeleble en el autor.

Escenas, planos de gran potencial lírico, diálogos trascendentes y a la vez sencillos. Grandes momentos cargados de intensidad, de desgarramiento, pausados, emotivos.

Y seguimos con las interpretaciones, de manera reiterada, magníficas. Mifune está descomunal y Shimura inmejorable; los otros cinco samuráis están formidables.  Brillante otra vez la forma de expresarse y articular, de moverse y hablar, sin duda un prodigio de la interpretación y de la puesta en escena. Todo va acompañado de personajes complejos, con matices y características singulares que los hace únicos.

Es un filme complejo que ahonda más allá de la mera apariencia, cómo dije, por un trasfondo humanista y reflexivo así como un análisis de la condición humana, que hace recordar a “Rashomon”. La fuerza, tanto narrativa como visual, tanto dramática como lírica; evoca a este filme como uno de los paradigmas de las grandes obras del séptimo arte. Kurosawa vuelve a alternar momentos intensos de ritmo frenético y pausado, en tono reflexivo. Crítica al egoísmo, al individualismo, a la injusticia, a la hipocresía y a la maldad, así como los reveses del ignoto destino y la pobreza y desesperación. Todo ello se desmonta con una visión humanista y esperanzadora que hace retumbar en lo más profundo del ser: la unidad (como dije antes) de las personas contra la injusticia y la maldad, haciendo frente a los villanos y a los poderosos, todo ello a pro de conseguir la serenidad, la paz , la felicidad y la justicia. Este grupo de samuráis que contratan los campesinos, accede únicamente a cambio cobijo y comida, nada más. El proceso de búsqueda de samuráis es una delicia, brillante en una duración épica. Este film es la perfecta síntesis perfecta de drama, acción y aventuras  combinado con momentos cómicos y reconfortantes de excelso avance narrativo.

En conjunto conforma todo una armonía cinematográfica del mayor nivel alcanzado, de una síntesis combinatoria de todos los elementos que conforman una obra, alineados para crear arte. Todo fluye, avanza constantemente in crescendo hasta llegar a la más absoluta plenitud.

1954, año que el mundo se postró ante una cantidad de obras maestras provenientes de Japón (de nuevo), como “Los amantes crucificados y “El intendente Sansho” de Kenji Mizoguchi, o este grandioso film que estoy comentando: “Los Siete Samuráis”, de Akira Kurosawa, sin duda tres grandes joyas del cine mundial, tesoros inclasificables o incalculables debido a su valor, toda una maravilla; larga vida al eterno rey del cine, Akira Kurosawa.

 

500px_5_estrellas

Rashomon (1950)

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Año: 1950

Duración: 90 minutos.

Director: Akira Kurosawa

Elenco: Toshiro Mifune, Takashi Shimura, Machiko Kyô, Masayuki Mori.

Género: Drama, Intriga
Japón siglo XII, siglo de devastación de Japón por las guerras feudales. Día de lluvia torrencial, tres hombres cobijados en un templo en ruinas esperando el fin de la tormenta.

Así comienza este babilónico filme, una obra grandiosa filmada a mano de un cineasta colosal. Kurosawa explora el debate filosófico de la verdad, la condición humana, la objetividad e imparcialidad, la devastación del momento así como la deshumanización codiciada por los intereses propios, en el que aflora la maldad, la mentira, el egoísmo o la hipocresía, todo ello narrado en unos magníficos flashbacks (los diferentes puntos de vista de los acusados y el testigo mudo de los hechos). El filme, que posee una estructura narrativa perfecta, llega a la cota de mayor belleza cinematográfica, de una fuerza visual fantasmagórica y onírica, así como una belleza visual y un potencial lírico pocas veces vivido en el séptimo arte.

Un guión maravilloso, perfectamente estructurado e hilado, de diálogos grandiosos. Y a estos factores se le unen el opulento talante y potencial narrativo y dramático de una destreza insuperable, enfatizado por las desgarradoras interpretaciones y la descomunal puesta en escena, situada en un contexto y una atmósfera onírica, realista, impresionista. Mifune vuelve a realizar un papel legendario, en el que la rapidez de sus gestos y la espontaneidad indeleble de sus acciones vuelven a potenciar más su vasto talento interpretativo. Shimura, vuelve a encarnar un papel de hombre pensativo, benévolo, humanista de manera magistral, de gestos inmortales. Personajes de ideas contradictorias, narraciones de cada víctima y culpable diferentes, todo a pro de favorecer a uno mismo.

Y ahora con la dirección de Kurosawa: no se puede realizar mejor, esa perfecta composición de planos líricos, bellos y apasionados, de detonante belleza plástica; ese desgarrado, analizado y esperanzador talante humanista;esos travellings, planos medios, ese uso brillante de la profundidad de campo y las sombras, como el perfecto retrato del contexto en general, todo estas características de un cineasta legendario en una maravillosa fotografía en blanco y negro.

Un film que se siente, que te atrae, que te emociona, que te intriga (la trama, ¿quién dice la verdad?, ¿por qué?), y pone en bandeja uno de los dilemas filosóficos, éticos y humanos más interesantes, la verdad.  Filme misterioso e intenso, sin duda, de incesante ritmo.

En resumen, obra maestra, filme grandioso e intenso, de un desgarrado y apasionado humanismo y un fuerte lirismo. Una obra indispensable.

10

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Los amantes crucificados (1954)

Los_amantes_crucificados-955697818-largePaís: Japón

Año: 1954

Duración: 98 minutos

Director: Kenji Mizoguchi

Elenco: Kazuo Hasewaga, Kyoko Kagawa.

Género: Drama

 

Obra maestra de inagotable belleza visual y fuerza dramática. Apasionado y triste relato sobre dos almas encontradas y ahogadas en el contexto en el que se sitúan. Excelente melodrama, de una dirección soberbia, pausada, reflexiva, poética, intimista, muy característico del magistral cineasta Kenji Mizoguchi.

De planos secuencia antológicos y travellings apabullantes, todo ello de una fuerza onírica y lírica abrumadora. Cada encuadre es pura belleza, íntima, desgarradora.

Interpretaciones fantásticas, bordando la teatralidad, de personajes con muchísimos matices, en el que los dos protagonistas son sometidos a costumbres y normas que les coartan y les privan de la más absoluta libertad, dos almas en pena que se encuentran en un ambiente duro y triste, que el destino, por pura casualidad o por voluntad divina, les une. A nivel técnico no es la más rica en movimientos de cámara de todas las de Mizoguchi (la inmejorable “Cuentos de la luna pálida” o la desgarradora obra maestra “El intendente Sansho poseen muchos más travellings y grúas), aun así eso no palia su grandísima calidad y grandeza. Con escenas míticas y realmente en el olimpo cinematográfico como la escena del lago y la barca, o la de la cabaña. Y otra vez la perfecta fotografía y dirección y esos maravillosos claroscuros, como los rayos del sol incidiendo a través en la cabaña, para representar un contexto de la más absoluta divinidad.

De un ritmo pausado y sosegado que trasciende a la más perfecto reposo artístico en su plenitud, con encuadres introspectivos que trascienden a lo más hondo, de una perfección de talento innato, alcanzado por pocos cineastas.

Un filme tierno, humilde, desgarrador, poético, triste, pausado y libertador. Un melodrama excelente, obra maestra absoluta.

10

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La gata sobre el tejado de zinc (1958)

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País: EEUU

Año: 1958

Duración: 109 minutos

Director: Richard Brooks

Elenco: Elizabeth Taylor, Paul Newman, Burl Ives.

Género: Drama

 

En el séptimo arte, para un cinéfilo, hay mitos, filmes grandes, inmensos, permanentes en la memoria e indelebles por su majestuosidad o su grandeza, “La gata sobre el tejado de zinc” es uno de ellos.

Magnífico drama, una obra maestra cinematográfica intensa y apasionada, de cuidadísimas interpretaciones y gran potencial artístico y narrativo.

Empecemos con los actores, Paul Newman y Elizabeth Taylor, magníficos, no se puede estar más resplandeciente y más bello en la pantalla. Destilan belleza y potencial artístico, todo un torrente interpretativo, de apasionadas, esmeradas y excelsas interpretaciones, de personajes con muchísimos matices y carácteres, difíciles, con remordimientos, ilusiones; condicionados por los recuerdos y resquebrajados por el contexto.

Una dirección pausada, con muchísima rigor y fuerza, propia de Richard Brooks. Cada encuadre es un puro acierto, condicionado por el avance narrativo. La puesta en escena llega a la más absoluta y mejor teatralidad, apabullante, decidida, acertadísima, cada movimiento, cada gesto.

Una fuerza narrativa y una intensidad dramática llegando a cotas de grandeza, de desgarradora belleza. El rencor, la hipocresía, la doble moral, las relaciones familiares, los remordimientos, la conciencia, la insatisfacción son muchos de los temas que abarca este inmenso filme, llevado con un talento innato. Un magnífico Paul Newman abarcando a un personaje ahogado por sus remordimientos y su consciencia, en el que el film deja abierto y el espectador interpreta las diferentes características del personaje (múltiples posibilidades), de una ambigüedad manifiesta. De guión complejo e intachable, sin agujeros, magnífico y reflexivo, dando poder y visión al film.

Como he mencionado previamente, esa intensidad dramática es una de las grandes cualidades del film, llegando a un poder y a un nivel altísimo, en “carne viva”, sin nunca caer en el sentimentalismo ni en la moralina como muchas películas actuales, sino llegando a la perfección mediante el talento y el trabajo impecable. De momentos realmente emotivos y sinceros, de verdades escondidas y sacadas a la luz, de noticias dramáticas.

“La gata sobre el tejado de zinc” es ante todo un filme apasionado y complejo, una obra maestra desgarradora que ahonda en las relaciones familiares, sacando sus miserias y sus falsedades, así como sus sinceridades y sus pasiones, un contraste perfecto, adaptando magníficamente otra vez el drama escrito por el complejo autor Tenessee Williams.

Excelente.

10

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Un tranvía llamado deseo (1951)

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País: EEUU

Año: 1951

Duración: 120 minutos

Director: Elia Kazan

Elenco: Marlon Brando, Vivien Leigh, Kim Hunter.

Género: Drama

“Joyas, joyas y más joyas”, pronuncia Stanley Kovalski (Marlon Brando) cuando abre la maleta de Blanche DuBois (Vivien Leigh), su cuñada, delante de su esposa (Kim Hunter).

“Un tranvía llamado deseo”, aparte de ser una grandísima película, es ante todo, un mito, un filme apabullante, la grandeza hecha celuloide. Toda una obra maestra, un drama fuerte e intenso, de una abrasiva y cruda atmósfera, en la que las cuidadas y apasionadas interpretaciones y la esmerada dirección redondean esta vasta obra cinematográfica.

Un matrimonio joven, una cuñada que llega a su casa, con un escabroso y turbio pasado que le provoca un desequilibrio mental; pone en jaque no solo a ese matrimonio sino a las relaciones entre los tres miembros de la familia, abarcando momentos realmente tensos y enérgicos.

Kazan ahonda en las relaciones de pareja y los lazos familiares con este poderoso filme en el que los diálogos transmiten fuerza y rigor y una contundencia a veces abrasiva.

Y las interpretaciones, una pura maravilla, Marlon Brando con una contundencia muy poderosa interpreta a un personaje rudo, violento, con carácter; Kim Hunter como una esposa y la magnífica Vivien Leigh como la hermana desequilibrada de Kim Hunter, una interpretación sublime, cada gesto, cada matiz del personaje, con mucho detalle y mucho cuidado, sin duda soberbio.

Como he mencionado antes, la dirección de Kazan; realmente magnífica, una perfecta composición de planos muy bien escogidos que transmiten fuerza visual y narrativa y representan a la perfección el contexto donde se desarrolla el avance de la acción narrativa. Lo que hace Elia Kazan es matizar con fuerza no solo narrativa, sino visual esta compleja película, y engrandecer la tensión del film que va aumentando in crescendo, todo con una maravillosa fotografía.

Personajes complicados, muy diferentes entre sí, ahogados en un contexto opresor y enviciado, en el que su forma de ser, sus ideales y su pasado chocan frontalmente entre ellos para dejar como resultado una poderosa ola de resonancias dramáticas de futuro ignoto; todo ello en una puesta de escena fantástica, muy teatral (la obra se adapta a la de Tenessee Williams).

El contexto del film se representa prácticamente en la casa del matrimonio joven, lo cual hace que el espectador se sumerja profundamente en esa tensa atmósfera, y sienta la opresión de los personajes o su dudoso e ignoto destino.

En definitiva, un drama soberbio, tenso, crudo, contundente y abrasivo, en el que la perfección de su dirección, las maravillosas interpretaciones, la cuidada fotografía y la decisiva tensión, marcan por completo una obra cumbre del séptimo arte y un clásico irreemplazable.

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